jueves, 17 de mayo de 2007

Bachacos en las encías

Fui y volví. Puerto Ayacucho, capital del estado venezolano de Amazonas, es una ciudad fronteriza. Al otro lado del río Orinoco, al oeste, se encuentra Colombia. Todo es jungla, y un calor húmedo que pone a prueba la capacidad de los poros de la piel para equilibrar la temperatura mediante el chorreo constante de sudor. De noche no hay nada, no sale nadie, y la explicación es la presencia silente de la guerrilla colombiana y el contrabando de combustible (verdadero motor económico de la zona: en Colombia el litro de gasolina cuesta el triple). También la droga, pero es menos rentable. En la plaza de Puerto Ayacucho, se ven a los indios que bajan de las poblaciones para vender, en calzones estrambóticos, sus pócimas y unguëntos. No probé ninguno, pero seguro que son efectivos. A poco que uno se aleja de la población, uno puede observar las chozas de los indígenas (piaroa, jivis, guaraos). Una sorpresa: la modernidad ha irrumpido en la arquitectura tradicional, las chozas de caña y barro cuentan con techos de zinc y de uralita. Y de unas diminutas antenas parabólicas: directTv. El cable llega donde no llega nada. En Samariapo, unas niñas nos querían vender crías de monos que no paraban de cagarse encima, y disfruté, junto con una abuela jivi, del placer de saborear los "bachacos" (hormigas gigantes). Al principio, las patas y las antenas se incomodan en las encías, pero luego uno aprende a apreciar el sabor, un amargo picante muy codiciado por esos lares. Cuentan que el Libertador Bolívar, desayunaba siempre con la catara (la salsa picante que elaboran los indígenas a base de bachacos: me compré tres botellas), y lo creo porque está divina, e incita a tomar la siguiente polarcita fresca. En Amazonas, como en toda Venezuela, la cerveza fría sobra, el agua escasea...

viernes, 11 de mayo de 2007

Los motores a máxima revolución

De revoluciones también vive el hombre. Carteles con los cinco motores a máxima revolución se ven por toda Venezuela. A los que les debe de ir fantásticamente es a los de las imprentas y al diseñador que, por cierto, no es nada malo. A mí, particularmente, me encantan los murales que hay por las principales calles y puentes de Caracas comentando las bondades de la buena conducta: no bebas alcohol, ponte el cinturón al manejar, denuncia a los corruptos... Poseen esa ingenuidad colorista de los primeros años del instituo.

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), al que los opositores llaman el PUS, ya ha comenzado el proceso de inscripción de militantes. En paradas de metro y en plena calle se ven a funcionarios del Consejo Nacional Electoral (CNE), apostados tras una ventanilla teatral y con sendos ordenadores portátiles, realizando los trámites. Obviamente, siempre con colas, deporte nacional en Venezuela. No obstante, ya han saltado las primeras acusaciones sobre presiones y amenazas a trabajadores públicos para que se inscriban si quieren mantener su empleo. El clima político en Venezuela, como siempre, amenaza lluvia; pero el clima, en Caracas, es abrasador. Reina el sudor. Los perros continúan durmiendo su eterna siesta.

PD - El domingo me voy a un encuentro de Chamanes en el Alto Orinoco, volveré a escribir a mi vuelta, el jueves próximo. El lugar se llama Isla Ratón, búsquenlo en el mapa.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Taxímetros

La gente, las gentes. Esta imagen es de Choroní, pero podría ser de Caracas. La cadena de oro, la gorra de lado. El tipo se miraba la mano, ansioso por ver algo. Un click fotográfico. La gente es avispada, amable y vivaracha. Las respuestas denotan alegría y ganas de jugar al ratón y al gato. El otro día, al ir a bajar de un taxi, comprobamos que la puerta de la izquierda (la que daba a la carretera) estaba estropeada y no abría. Preguntamos, y el taxista, de reojo, nos comentó que sí que se podía salir, pero que nos saldría más caro: nos costaría un brazo, una pierna. Y acabó encogiendose de hombros, señalando la otra puerta. Si hay una puerta abierta, qué necesidad hay de intentar salir por la otra, nos indicó con sorna.

Otro taxista, a quien le faltaban en la mandíbula superior los mismos dientes de disponía en la mandíbula inferior y viceversa (estuve un minuto cavilando acerca de cómo podría comer un filete de ternera), me comentó en una carrera eterna gracias al celestial tráfico de la capital, cómo había sido atracado en el centro de Caracas.

Dos hombres se subieron al taxi, uno delante y otro detrás. Al cabo de unos minutos, en plena autopista del Libertador, el del asiento de copiloto saca una pistola automática, y el de detrás una llave inglesa. Y le exigen que les entregue el dinero recaudado y el carro. El taxista, chavista confeso y pasional, asiente. Pero al instante siguiente busca en su calcetín un aparato de seguridad para alertar a su compañía de taxis y a la policía. Los malandros, ante el gesto del taxista, le llueven a palos, mientras le gritan que no se puede ser amable, porque así te lo pagan. "Me dejaron tirado en el piso de la carretera", me comentaba. "Llegué a pensar que había llegado mi hora, maldita la gracia que le hace a uno, tragué arena". "Desde entonces, voy con este trasto (un dodge de los 70), para qué voy a comprar carro nuevo si te lo quitan".
"Chávez ha hecho mucho por este país, excepto con la violencia y la inseguridad, sigue igual que antes", concluyó.

lunes, 7 de mayo de 2007

Como monos

Como monos, colgados de los árboles. Así vemos muchas veces la realidad venezolana los extranjeros que vivimos en el país. Venezuela es un país sorprendente por la mezcla de niveles discursivos varios, de paranoias múltiples y de comentarios cruzados en los que conviven las palabras de un tal Simón Bolívar en 1817 en los llanos tras una sangrienta batalla, las de Chomsky pasadas por el cedazo de Jesucristo socialista y las barbas del Ché, y el reguero de petróleo que dejan los Hummer aparcados en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Ayer fuimos a cenar a la Casa de China en Caracas: pato, cangrejo, arroz y revuelto de verduras. El camarero un tipo muy dicharachero, nos comentaba las bondades del la cocina china en un castellano del que sólo entendíamos un 30%. Y nos explicó que todos los chinos de Caracas proceden de la misma región, Cantón. Los chinos emigran por pueblos completos. Y se instalan tal cual. El chino se reía, y nos animaba a tomar mejillones. Finalmente, acudió otro chino y nos preguntó, con acento caraqueño:
-¿Cómo fue la vaina?
No hay nada más desconcertante que escuchar a un chino hablar venezolano o ver a una china bailar reggaeton: choque de culturas. Marco Polo tuvo que sentir algo parecido, pensé mientras trataba de acertar un grano de arroz.

Hace dos semanas mataron en las afueras de Caracas a Yannis Chimaras, conocido actor de telenovelas y presidente del sindicato de actores bolivarianos, con 5 puñaladas en el pecho. La inseguridad en Caracas no es algo nuevo, pero el Ministro del Interior salió poco después en televisión para asegurar sin que se le moviesen un ápice las comisuras de los labios, que el asesinato lo había planeado la oposición para generar alarma en el país (Está grabado). Cada fin de semana se producen en Caracas 40 asesinatos. Mueren bolivarianos y no bolivarianos. Sin embargo, en los informativos del canal estatal sorprende una ausencia: no existe la sección de Sucesos. Por lo que a ellos respecta, no ocurre nada. Nada de nada.

viernes, 4 de mayo de 2007

Venezuela, tres vistazos

1)Ir sin camiseta y descalzo. Así se vive en Choroní. Apenas unos pantaloncitos cortos, y el calorcito del sol como camiseta.

2)Ayer, en Caracas, con los chicos de Basurama, que se dedican a reutilizar toda la basura que encuentran a su paso, contemplé la fascinación de los vecinos del barrio de Chacao por aquello de jugar como niños con cuerpos de adultos. Los adultos se acartonan, los niños se doblan. Ahora, a ellos les parecían horripilantes las latas de cerveza Brahma en la que salen mujeres casi, casi en pelotas como reclamo publicitario. Nosotros tratábamos de asegurarles que era de lo mejor de Venezuela. Y en el toma y daca se fueron unas cervezas, sin chicas ilustradas y de un sobrio minimalismo abstracto. No nos convencieron con su cabal racionalismo, no les convencimos con nuestra irreverente superchería.

3)En un titular del Últimas Noticias, diario de filiación chavista:
- Los "super" casi pelaos - Cuesta hallar carne, sardinas, caraota, leche y queso blanco.
Mientras, las argumentaciones de que no hay escasez son contrarrestadas, con el argumento peregrino de que se trata de un alza de la demanda, por parte de los economistas de rojo. Y entre unos y otros, la gente hace cola en el súper...

jueves, 3 de mayo de 2007

La Polar

La empresa Polar es a Venezuela lo que McDonald´s a EEUU o el toro de Osborne al paísaje carpetovetónico de Hispania. Polar no sólo es una empresa de cerveza, si no que controla gran parte de la cadena de distribución de alimentos en Venezuela. Sus marcas de cerveza son Solera verde, Solera Light azul, Polar tercio (la clásica, con el logotipo del oso blanco y el esbelto diseño en vidrio marrón) y Polar Ice. Ya he contado que en Venezuela es más fácil encontrar cerveza fría que agua fría. Y que aquí, en medio de la calima caribeña, es difícil decir no a una cervecita bien fresca a precios socialistas, en casi cualquier momento.

Pero si la añades a una arepa de pernil con queso amarillo o una reina pepiada (aguacate con pollo), el plato se convierte en delicioso. Por cierto, la reina pepiada es otro de los grandes símbolos areperos del país. De hecho, William Brownfield, antiguo embajador de EEUU en Caracas, se quejaba irónicamente hace unas semanas de que entre las críticas recibidas por su embajada se encontraba (además de intentos de magnicidio, encuentros con los paramilitares, ansiedad imperialista) la de comerse demasiadas arepas reina pepiada....

miércoles, 2 de mayo de 2007

Choroní

Choroní está cuatro horas al oeste de Caracas en automóvil. Hay que descender por una carretera infernal y hermosa a partes iguales. Pendientes pronunciadas, asfalto estrecho y camionetas que ascienden y descienden a una velocidad endiablada a ritmo de un salsa a volumen demencial. Tiene el encanto algo raído de los pueblos de difícil acceso, aunque hoy en día está tan volcado al turismo como cualquier playa de la costa mediterránea. El viaje en peñero hacia una de las playas más alejadas es divertido y jovial. Al timón dos personajes agarrados a sendas cervezas, no hay policía marítima que sancione al navegante que beba. El Caribe no es un mar calmado, ni mucho menos, y eso que los piratas y filibusteros hace tiempo que se han desvanecido.

Playas paradisíacas en los que el único ruido es el de algún coco que cae, dándole de nuevo la razón a Isaac Newton, una vez más.

Sin embargo, a pesar de las frases rebuscadas de jóvenes publicistas que venden a Choroní como un oasis de tranquilidad y conversación íntima con la naturaleza, ha sido el primer lugar de Venezuela en el que he visto una playa masificada. Playa Grande. Cada centímetro de arena estaba ocupado, y los vendedores ambulantes revoleteaban en torno a los bañistas sin parar. Todo en venta. Me recordaba a una vaca somnolienta espantando las moscas con el rabo en un prao asturiano.

Era difícil dormir. Uno de los grandes placeres, y sin duda, el más económico.