lunes, 16 de julio de 2007

Where´s the abuela?

La primera frase en la Florida yanqui, en pleno aeropuerto. Where´s the Abuela?. Y partir de ahí una desconcertante mezcla de idiomas, lo más parecido a una babel contemporánea en calzoncillos fosforescentes. Todos inmaculados, paseando por Lincoln Road como si en cada baldosa hubiese un cámara de televisión. Y en cada cocktail, un espejo. La ciudad es tan desinhibidamente hortera que me parece admirable. El calor es aplatanador y los cielos de azul límpido, de cristal.
Desde la piscina del 1900 Sunset Harbour, donde nos alojamos, veíamos las islas de los famosos. Mansiones de estilo televisivo con un yate en su muelle privado. Varias motos acuáticas surcaban la bahía, mientras nos zambullíamos en las aguas de Miami Beach. La temperatura del agua era superior a la temperatura ambiente. Por lo que uno se sumergía volver al calor sobre la arena, ahora convertido en relativo frescor. Miami Beach, como casi todo en Miami, no es tal. Sobre un piso de hormigón, lanzaron una arena blanca y fina, que masajea las plantas de los pies con sofisticación. Y lo llamaron playa, porque había agua en frente y el tipo que lo bautizó iba en bañador.
Todo el mundo va en carro en Miami: no hay aceras porque nadie pasea. Y desde el avión es asombrosamente cuadriculada. Está bien pensada, me decían, porque tuvieron tiempo para pensarla: Miami la crearon los cubanos que llegaron a los Estados Unidos de Jefferson y Washington en la década de los cincuenta. Hasta entonces: agua, caimanes, sol y huracanes. "Miami es de los cubanos, chamo", me cuenta un venezolano de Miami mientras me adelanta en bicicleta. Y se va silbando.

jueves, 12 de julio de 2007

Un bar

Un bar, en San Franciso de Yare, estado Miranda. Dos horas al sur de Caracas. Se vende todo. Las presencia ubicua de Polar, la cerveza de los venezolanos. Y Pepsi. Venezuela es uno de los pocos países americanos (EEUU y Guatemala, son otros) en los que Pepsi supera, en ventas y presencia, a la universal Coca Cola. El azul y el rojo.

martes, 10 de julio de 2007

Caracas, a pie

Un teatro, al final de la avenida Bolívar, municipio El Libertador. Me sorprendió por el descuido y la dejadez continuadas. No se hizo nada contra el edificio, sin embargo, se dejó de hacer durante años, décadas. Parte del centro histórico de Caracas luce un cierto lujo decadente, casi prehistórico. Edificios enteros de buena planta a los que, sencillamente, se les ha mirado con la indeferencia con la que se observa una reliquia maya: esperando que se rompan y se llenen de polvo para apreciarlos en su justa medida. Casi parece que se espera que la belleza surja del esqueleto desvahído. Caracas tiene lugares hermosísimos, pero son de una belleza literaria, que requieren de mil historias para completar la imagen. Se puede vislumbrar, mirándolos a través, las glorias ostentosas y el desenfreno frívolo de los 70. Los años de esa Venezuela Saudí que, a juzgar por las calles infestadas de vehículos de importación, tetas desbocadas, güisquies escoceses en las rocas y bolsos de marca, no parecen tan lejanos.
Las guías prohíben en mayúsculas pasear por el centro de Caracas, especialmente al caer la noche. No sin razón, pero el corazón de Caracas, son las callejuelas de la Candelaria, el Silencio, Sabana Grande, donde la abigarrada vida callejera inunda de energía a la ciudad. Vendedores de cafés ambulantes, perrocalenteros, buhoneros, teléfonos humanos, cambistas, mototaxis, evangelistas, vendedores de periódicos revolucionarios todos en rojo, artistas de la calle... Es el fresco de una ciudad asfixiante y demoledora. Pensada para las cuatro ruedas, pero que a pie se revela en toda su magnitud. Caracas es desconcertante y apasionada. Y eso es algo que sólo se disfruta a ritmo de las dos piernas, con los ojos del tamaño de un plato de fabas.

domingo, 8 de julio de 2007

Miss Venezuela

Remate mira fijamente la obra de Dermocell. No olvidemos que es el tratamiento oficial, el recomendado por las vencedoras: por las más bellas. Miss Venezuela es toda una institución en el país. El otro día un taxista me enumeraba los criterios que hacen que una muchacha linda se convierta en Miss Venezuela. "Es una cuestión de cabeza, de clase de mentalidad, de ambición. El cuerpo, la belleza exterior, creáme chamo, no es lo fundamental. Tiene que saber estar, saber ser". Asentía desde mi asiento de copiloto, mientras pensaba que sí, que es cuestión de mentalidad... mamaria. En Venezuela los pechos opacan la mirada. Han conseguido que pechos enormes que no se desbordan, ahora el reto se trata en conseguir que no parezcan sandías transgénicas o zeppelines a escala natural. El más difícil todavía: la naturalidad.
En la autopista, al otro lado, un gran cartel de un banco del otro lado del charco ofrecía sus servicios financieros para operarse los pechos. Una línea de crédito exclusiva que cubría las operacioines de senos (1,5 millones de bolívares: 300 euros), con garantía si trabajabas con sus clínicas de confianza. En la última edición, celebrada en México hace unos meses, la representante criolla acabó en tercer lugar. Ganó la representante del imperio del Sol Naciente, Japón.

jueves, 5 de julio de 2007

Angostura

Al fondo, el puente de Angostura. El primer puente del Orinoco. Debe su nombre a que se construyó en el cauce más angosto del río Orinoco, a su paso por la hermosa Ciudad Bolívar. Inaugurado por el presidente venezolano Raúl Leoni en enero de 1967. Tiene una longitud de 1.678,5 metros, y sus cuatros canales de tráfico discurren a 57 metros de altura sobre las aguas del río. Es el primer puente sobre el Orinoco (Chávez inauguró hace unos años el segundo: Orinoquia, un centenar de kilómetros río abajo, cerca de la vecina ciudad Puerto Ordaz; y hay un tercero en proyecto, río arriba, entre los estados de Bolívar y Guárico). Los dos últimos cuentan con el respaldo de la constructora brasileira Odebrecht, y con las obvias palmaditas en el hombro de Lula da Silva. Son los puntos de sutura que permitirán conectar Venezuela, país partido en dos por el caudaloso río Orinoco. Las riquezas del subsuelo del sur, saldrán hacia el norte a través de las arterias de acero y hormigón armado.

Hoy es 5 de julio, día de la Independencia de Venezuela. Tal día como hoy hace 196 años, Simón Bolívar & co. firmaron la declaración de independencia del Reino de España. Luego vendrían varias guerras sangrientas con centenares de miles de muertos. Y tiernos relatos de despechado y arrebatado patriotismo. Ayer, 4 de julio, fue el día de la independencia de los Estados Unidos. Es curioso. A palos verbalmente, EEUU y Venezuela tienen mucho más en común de lo que ambos quieren reconocer. La balanza comercial y los centros, también comerciales, lo certifican. Cómo no, por aquello de la lógica paradójica, se celebrará hoy en mi casa un fiesta conmemorando la independencia. Y Boves, en alma más que cuerpo, andará presente por la estancia.

martes, 3 de julio de 2007

Hacienda pública

A pedir facturas. Ese es el objetivo del Seniat: Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria. Aquí no pagaban impuestos ni los empleados de Hacienda, así que hay todo un despliegue de cartelería y diseño didáctico por el país. En las calles de las grandes ciudades (Caracas, Puerto Ordaz, Valencia, Maracaibo) se ven muchos locales con un gran cartelón blanco que anuncia su cierre temporal por el "no pago de impuestos": desde McDonald´s a bares de copas y cines. Es un esfuerzo realmente encomiable dado el nivel de choteo y cachondeo fiscal del país.
Además, se ha bajado el IVA del 14% al 9% (aunque a mí en la playa el otro día, el camarero venezolano se me hacía el sueco). El Gobierno intenta así, por un lado, aumentar la pírrica recaudación de impuestos para paliar el enorme gasto público que corre a cuenta del subsuelo petrolero venezolano y, por otro, contener una inflación que vuela libre. El año pasado fue del 20% (la oficial, aquí siempre hay dos verdades), y este año se espera que quede en un 14% (aunque ya vamos por el 8% acumulado, y faltan el verano y las navidades, tradicionales festines consumistas del gran consumista que es el venezolano).
Chávez volvió de su gira de colegueo por Rusia, Bielorrusia e Irán. Estuvo cinco horas hablando y dedicó más de media hora a leer una novela rusa, en la edición española de Bruguera, que le había emocionado: "Don Apacible" de Mijaíl A. Shólojov (1905-1984), premio Stalin 1941. Mañana en todas las librerías venezolanas.

lunes, 2 de julio de 2007

Sin destino

Los edificios en Caracas tienen nombres de lo más extraño. Asociaciones de ideas extravagantes (para mí), han dado lugar a bloques de viviendas bautizados con los más diversos nombres: todos asociados al lujo, el extranjero y lo supranatural. En mi barrio, que es pijo(y yo con él) se puede uno encontrar con los siguientes nombres: Luxor, Alhelí (mi edificio, como el capullito), Lassie, Chamonix, Jardín del Edén, Saint Tropez, Contemporary, Palacio de Cristal, Elysses... Sin embargo, a pesar de la perplejidad que me causaron a mi llegada, nada sonó tan fuerte en mi interior (caja de resonancia inventada) como el edificio LA FUERZA DEL DESTINO. Está en Los Chagüaramos, una barriada céntrica de Caracas, en la que, por supuesto, los tendales están enrejados, la policía pasa de puntillas (con las luces apagadas) y de noche roban hasta a los gatos, según cuenta una extendida leyenda urbana.
A mi no me gustaría un pelo vivir en un edificio con ese nombre. Me parece tétrico e indecoroso. Por cierto, una pregunta: ¿Quién le pone el nombre a los edificios? ¿El arquitecto? ¿El constructor? ¿La comunidad de vecinos en asamblea? ¿El ayuntamiento? ¿El hijo del portero? ¿Alguien en el catastro? ¿El destino?