miércoles, 26 de septiembre de 2007

La luz y el tiempo

La revolución alegre, como no se cansan de denominarla los sesudos analistas de este y del otro lado del charco, incluye el cambio de bombillos energéticos. También el cambio de hora, aunque un hermano (presidente) y otro hermano (ministro), no se aclaren si las manecillas deben retroceder o avanzar. Será media hora, a partir de octubre: a las 7 am, serán las 7.30 am. El argumento de fondo es que los seres humanos funcionan mejor si se levantan cuando ya es de día y no cuando aún las sombras dominan la ciudad. Probablemente sea cierto. Según me comentaba un taxista, fuente periodísticas por antonomasia, ya en 1964 se adelantó el reloj, también media hora. Lo que demuestra una verdad aplastantemente sencilla: el presidente no será el último. Incluso el tiempo es susceptible de ser modificado por la mano del hombre. No es poco decirle al sol cuando debe salir. Metafóricamente hablando, claro.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Llaneza andina

Tras el descenso de los altos Páramos en los que las autoridades venezolanas andan tratando de introducir cóndores procedentes de Chile, se regresa a la capital merideña. Mérida vive del turismo de montaña y de la Universidad de los Andes (ULA), fundada en 1806 por los conquistadores españoles. Los estudiantes pasean arriba y abajo. La ciudad de Mérida está hecha a base de escuadra y cartabón: avenidas verticales que cruzan las calles horizontales. Un tiralíneas que también afecta a la mentalidad. Mérida no tiene nada que ver con Caracas. En Mérida, uno puede redescubrir, también, el silencio, y el aire puro. Los merideños son más calmados, más educados y hablan un español suave y preciso que deslumbra. Sin embargo, la educación, en ocasiones, se toca con un relativismo delirante. Un taxista, ante las preguntas acerca del sabor queso ahumado típico de la zona, de si llovía mucho en la región o de si las truchas son fáciles de pescar, respondía invariablemente: "Pues mire, sobre ese tema le iba a hablar yo ahora mismo, en ese orden de cosas, dependen mucho de la persona, del cristal con el que se mire, como dicen, hay algunos que de aseguran que sí (las truchas), mientras que otros les parece más dificultoso; sobre la lluvia yo le diría que creo que llueve lo normal y el queso a unos les parece muy salado y se deleitan mientras que otros lo encuentran falto de sabor, en fin, ya sabe usted lo diversas que son las personas". Lo cierto es que los merideños caminan con tranquilidad (que no mansedumbre) por la vida, y le aplican un distanciado sentido del humor que pareciera, a veces, de tan alejado, que ni siquiera les pertenece. Y entonces la ironía se queda vagando sola por las bonitas calles de casas bajas del centro de la ciudad, aguardando oyente.

domingo, 23 de septiembre de 2007

El frío del Caribe

El exrañamiento de escribir desde un hotel, en una habitación rectangular. Tras descubrir el frío en Venezuela. En Mérida, capital de los Andes venezolanos, a 1.800 metros, el frío todavía es fresco, pero en los Páramos (la fotografía) el frío y la falta de oxígeno son una certeza. Camino del Pico de las Águilas, a 4.100 metros de altitud, el cuerpo tarda un tiempo en asimilar el aire, y las bocanadas son más profundas y prolongadas: como un pez fuera del agua. Según los expertos, las personas que viven en estas condiciones tienen un corazón un 20 por ciento más grande que aquellos que somos de playa. Casi había olvidado el frío: y jode. Apenas un jersecito, y un queso ahumado como alimento en la cumbre. El Pico las Águilas conecta el estado de Mérida con el estado de Trujillo y el de Barinas. La carretera transandina. Bolívar, que murió con un callo de cuatro centímetros en el culo por sus 125.000 kilómetros a caballo, cruzó estas montañas varias veces. (Mi más sincera admiración: a él y a los historiadores que se encargaron de documentarlo).
En los Páramos, no hay vegetación, apenas unas plantas llamadas frailejones, que no se comen pero desprenden un aroma delicado. En esta zona se encuentran los bosques más altos del mundo, a 3.400 metros, y en las lagunas creadas por los glaciares andinos, nadan las truchas típicas de la región. Casi todos los lugares, comienzan por Mucu (Mucubují, Mucuchíes, Mucurute), que era el apelativo de los indios de la zona al dios Sol. Lógico, el frío acojona, y recurres al Sol.
En el descenso, ante el paisaje desolado por los vientos gélidos que se enfrentan en las cumbres andinas, una pintada en la parte de atrás de un cartel me deja anonadado: "Bel, creo en tu amor como creo en Dios". Y me imagino al enamorado aterido de frío con el spray en las manos, escribiendo apresurado por los nervios. Quizá, divago, sea uno de los estudiantes del seminario frente a mi hotel.

martes, 18 de septiembre de 2007

En procesión

Así discurre la procesión de la Virgen del Valle en Todasana. Al calor de la mañana, entre botellas de ron y de aguardiente. En bikinis y en trikinis. Con gafas de sol y gorras. ¡Ay de las procesiones pacatas y flageladoras de Castilla la Vieja! La música la ponen los hombres del pueblo que golpean en trance unos tambores que probablemente llegaron del río en el que Conrad narró su Corazón de las Tinieblas. África a dos horas de Caracas. El sincretismo religioso llevado hasta el bar. Que las monjas sigan haciendo galletitas para el café en la meseta castellana, que aquí se honra al de arriba con el ombligo al aire. Apenas 300 metros hasta la playa, una hora de camino. Bailes con los que aplacar la ira de los ángeles rubicundos, de mofletes colorados por el licor. Y después un misterioso bote recoge a la Virgen, y la lleva mar adentro, donde oran los labios con sabor a sal de las procesionarias...

lunes, 17 de septiembre de 2007

Puntos de vista


Carros, arena y bañadores. Bañadores, carros y arena. En Venezuela, los carros entran al mar. Les encanta aparcar con las olas lamiendo los neumáticos. Abren el maletero y mueven la rosca del volumen hasta que los altavoces vibran. Reggaeton y salsa brava, para que bailen los peces, los crustáceos y los bañistas. La playa de Punta Arenas, en la costa oeste de isla Margarita. Lo que más abundaba eran las moscas.

jueves, 13 de septiembre de 2007

La verdad

Esta es la entrada al Museo de la Verdad. También en Todasana. La verdad, toda la verdad, a cargo de Luis Kafella, el artista. El artista te recibe ataviado con una túnica blanca translúcida, tras la que se vislumbra el calzoncillo azul noche. Tiene un báculo tallado en madera que finaliza en un zapato de tacón. Habla sin parar acerca de la verdad del arte, que se encuentra en su museo: un humilde almacén atiborrado de piezas de lo más variadas. Algunas de una excesiva rudeza, pero otras compuestas de metáforas directas y efectivas, como la del beisbolero criollo que se debate entre la pelota y la arepa. Kafella critica los vicios de la sociedad contemporánea, mientras se pregunta en alto por qué Caracas está llena de escaleras mecánicas que no funcionan. En su museo de la Verdad se explican todas las obras gratuitamente por parte del propio artista quien sigue al visitante y le conmina a preguntar por el significado. "Otros, en los museos, esconden el significado; yo lo explico, lo expongo. El arte debe clarificar", dice.
No vende sus obras, no cobra entrada. Y ofrece un café negro hecho por su mujer, también conocida como la asistenta del artista. El calor en Todasana es asfixiante, y la gente vive en las sombras. Kafella, a la tarde, se recuesta en unos cojines en la puerta del museo de la Verdad con la barriga venezolana al aire y charla amigablemente con sus hijas y otros niños del pueblo. Es de los pocos blancos de Todasana. Todos le conocen. Desde kilómetros antes de llegar al pueblo, a lo largo de la la hermosa costa del estado Vargas, el viajero puede ver pintado a brochazos en varias piedras de la cuneta de la carretera el anuncio: "Welcome to the Truth´s Museum. Behind the church, in Todasana". Y allí está, efectivamente, tras la iglesia: el Museo de la Verdad.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Clásicos venezolanos

Este es otro de los clásicos venezolano. La instantánea está tomada en la playa de Todasana, un pequeño pueblo en la región de Barlovento, al este de Caracas. En las playas venezolanas abundan estas escenas asombrosas: el padre, el tío, el novio, el amante, el abuelo, el amigo, cámara en mano se dispone a fotografiar los encantos de su hija, sobrina, novia, amante, nieta, amiga. Las venezolanas parecen tener un resorte innato ante los objetivos fotográficos. En cuando se desenfunda la cámara, la muchacha adopta las poses de modelado que triunaron en los ochenta. La rodilla ligeramente flexionada, el rostro en tres cuartos, el mentón alzado, y el pecho en escorzo. Normalmente, este ritual criollo se realiza en la playa: bajo el abrasador sol caribeño. Justo antes de la instantánea, se dan un chapuzón para aprovechar el brillo salado del agua marina en la piel. Todas ponen caras de muñequita barbie, todos ponen caras de reporteros gráficos consumados. El ritual dura unos minutos: el fotógrafo aconseja, prueba varias tomas, ordena cambios en el modelaje. La modelo obedece. El observador extranjero tarda unos segundos en cerrar la boca. La naturalidad de la puesta en escena es sorprendente. La pregunta que me asalta es: ¿cuándo empiezan? ¿quién enseña? ¿por qué? ¿para quien son las fotos? Interrogantes al aire.