Teoría:Las colas de tráfico en Caracas son su estado natural. El automóvil pasa la mayor parte del tiempo en punto muerto. En inmovilidad perpetua. No obstante, lo importante, lo fascinante es comprender cómo funcionan los atascos en Caracas. Porque son comprensibles, y su funcionamiento puede ser descrito y formulado con cierta precisión. En primer lugar, los factores estructurales: una gasolina extremadamente barata (menos de un dólar llenar el depósito), la última vez que se pensó en la planificación vial fue en 1960 (sin volver a pensar en ella), una cantidad de carros abusiva (las familias tienen varios carros: el de la madre, el del padre, el de la niña, el del niño), la longeva vida útil de los carros (el mío me saca cinco años de edad).
En segundo lugar, la cultura vial de los venezolanos. Las autopistas tienen dos carriles por sentido, más el llamado hombrillo (arcén). El hombrillo tiene una razón de ser bien sencilla: si alguno de los carros tienen algún problema puede hacerse a un lado sin afectar a la fluidez de la circulación. Eso dice, al menos, su enunciado. ¡Error! En Venezuela el hombrillo es el carril de aceleración. Si está ahí, es para utilizarlo. Y rápido. Todo el mundo adelanta por la derecha, por el hombrillo, con el pie del acelerador pisando el suelo. Claro, cuando alguien se echa a un lado por algún problema, y todo el mundo suelo tener problemas con el carro en Venezuela, aparece un fenómeno que al venezolano de a pie le parece igual de impredecible e inevitable que la lluvia o la niebla: el embudo. Todo dios se lanza a la izquierda para evitar el obstáculo. Se lanza, literalmente. Y se produce una especie de tetris automovilístico. Que, obviamente, siempre acaba en atasco. Ante la perspectiva del atasco (hay varios programas radiales dedicados a cubrir la información vial desde helicópteros), los conductores optan por los llamados "caminos verdes". Vías alternativas. Desgraciadamente, estas vías no son ningún secreto. De modo que se colapsan con rapidez. A esto hay que añadir que no se tiene ningún empacho en regresar marcha atrás desde el acceso de la autopista, para salirse del atasco que se avizora metros más adelante. De modo que, en la via de incorporación, se ven carros en retroceso por los carriles frontales, asustados ante la visión del monumental atasco. Lo que retrasa, asusta y atasca aún más.
Práctica: Me comentaba una amiga caraqueña, mientras conducía, que me había "venezolanizado demasiado" al volante. Y me lo recriminaba. Para nada, le dije, me he "mimetizado" con el entorno. Y mientras se lo decía, lanzaba el volkswagen contra dos 4por4 en una intersección: como en el oeste, ganó el que menos tenía que perder, y el más rápido en desenvainar. Yo, y mi pobre volkswagen. Y me reí en alto como hacen los villanos de las películas de acción.
(Y así sucesivamente)