No obstante, lo más fascinante del Sarao es el lavabo de hombres. Allá existe un pequeño puesto de venta, con sus poropias leyes. Algo así como un paraíso fiscal d venta al por menor. Lo lleva Giovani, un italiano de Caracas de toda la vida. A continuación, una lista de sus artículos:
-Chocolatinas,
- Condones,
- Galletas,
- Colonia (dos rociadas por 5 bolívares, una a cada lado del cuello),
- Chicles,
- Gomina para el pelo (3 bolívares e incluye gratis varios peines de plástico, atados a una cuerdecita para evitar hurtos),
-Caramelos dulces,
-Desodorante,
-Palillos para las orejas,
-Pastillas para el mal aliento,
-Cigarrillos al detalle (de uno en uno),
- Hilo dental,
- Viagra (20 bolívares, el producto estrella).
La curiosidad me llevó más al baño que las ganas de orinar. Cada vez que iba, me acercaba a Giovani y le preguntaba. "¿Pero se hace plata con esto?". "Uf", resoplaba, "una barbaridad. Un buen negocio, no pagas luz, no pagas alquiler, no pagas impuestos..." Yo asentía con el cubalibre en la mano, algo incrédulo, tengo que reconocerlo. "¿Cuánto puedes sacar al día, si me permites la pregunta?". "Claro, pana, no hay peo. 1.200 bolívares, pero me quedan limpios, después de descontar la mercancía, unos 500 bolívares por noche " (El sueldo mínimo en Venezuela está alrededor de los 800 bolívares). "¡Uf!", ahora quien resoplaba era yo. Giovani me contó mientras sudaba como un pollo al horno que el único incoveniente era el ambiente, a la par que me señalaba la ristra de personas aliviándose en los urinarios. "Se aprenden muchas cosas en los sitios como éste", concluyó enigmático con tono empresarial.
Busqué la hora en el reloj de pulsera que no tengo. Efectivamente, las cuatro y media de la madrugada: la hora de partida.
