domingo, 28 de diciembre de 2008

Dieta

Las parrillas han sido la dieta de estas fiestas caribeñas. (A veces, alguien, por descuido o desazón, preparaba una ensalda). Bajo una mata de mangos que, el año que viene, mostrarán un exquisito aroma a morcillas y chorizos. Eso, creo, es lo que se conoce como gastronomía del futuro. Mangos amorcillados, chorizos tropicales.

(En tres horas me voy al aeropuerto para un viaje de once horas: Caracas-Lima-Ciudad de México. 9 días, y un año nuevo después, regresaré. También se conoce como vacaciones. Hasta entonces. Ya os cuento México)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Teoría y práctica del atasco caraqueño

Teoría:
Las colas de tráfico en Caracas son su estado natural. El automóvil pasa la mayor parte del tiempo en punto muerto. En inmovilidad perpetua. No obstante, lo importante, lo fascinante es comprender cómo funcionan los atascos en Caracas. Porque son comprensibles, y su funcionamiento puede ser descrito y formulado con cierta precisión. En primer lugar, los factores estructurales: una gasolina extremadamente barata (menos de un dólar llenar el depósito), la última vez que se pensó en la planificación vial fue en 1960 (sin volver a pensar en ella), una cantidad de carros abusiva (las familias tienen varios carros: el de la madre, el del padre, el de la niña, el del niño), la longeva vida útil de los carros (el mío me saca cinco años de edad).

En segundo lugar, la cultura vial de los venezolanos. Las autopistas tienen dos carriles por sentido, más el llamado hombrillo (arcén). El hombrillo tiene una razón de ser bien sencilla: si alguno de los carros tienen algún problema puede hacerse a un lado sin afectar a la fluidez de la circulación. Eso dice, al menos, su enunciado. ¡Error! En Venezuela el hombrillo es el carril de aceleración. Si está ahí, es para utilizarlo. Y rápido. Todo el mundo adelanta por la derecha, por el hombrillo, con el pie del acelerador pisando el suelo. Claro, cuando alguien se echa a un lado por algún problema, y todo el mundo suelo tener problemas con el carro en Venezuela, aparece un fenómeno que al venezolano de a pie le parece igual de impredecible e inevitable que la lluvia o la niebla: el embudo. Todo dios se lanza a la izquierda para evitar el obstáculo. Se lanza, literalmente. Y se produce una especie de tetris automovilístico. Que, obviamente, siempre acaba en atasco. Ante la perspectiva del atasco (hay varios programas radiales dedicados a cubrir la información vial desde helicópteros), los conductores optan por los llamados "caminos verdes". Vías alternativas. Desgraciadamente, estas vías no son ningún secreto. De modo que se colapsan con rapidez. A esto hay que añadir que no se tiene ningún empacho en regresar marcha atrás desde el acceso de la autopista, para salirse del atasco que se avizora metros más adelante. De modo que, en la via de incorporación, se ven carros en retroceso por los carriles frontales, asustados ante la visión del monumental atasco. Lo que retrasa, asusta y atasca aún más.

Práctica:
Me comentaba una amiga caraqueña, mientras conducía, que me había "venezolanizado demasiado" al volante. Y me lo recriminaba. Para nada, le dije, me he "mimetizado" con el entorno. Y mientras se lo decía, lanzaba el volkswagen contra dos 4por4 en una intersección: como en el oeste, ganó el que menos tenía que perder, y el más rápido en desenvainar. Yo, y mi pobre volkswagen. Y me reí en alto como hacen los villanos de las películas de acción.

(Y así sucesivamente)

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cumpleaños

Aguardando la clase de historia revolucionaria latinoamericana, en el Palacio Presidencial de Miraflores, un grupo de periodistas nos arrodillábamos para consultar internet. Los dispositivos inalámbricos brincaban en busca de conexión por los aires. "¿Cómo van? A ceros, pana". Todo estaba dispuesto para la aparición de los presidentes caribeños. Faltaba, claro, el retraso protocolario por estos lares. Y faltaban sillas. Gran parte de la delegación cubana contemplaba de pie cómo la mayor parte de los invitados gozaban de la espera con las posaderas en mullidas sillas de terciopelo. "¿Cómo van? Siguen a ceros". La gente de protocolo comenzó a traer café en vasitos blancos de plástico (como los que en los hospitales acompañan las salvadoras pastillitas de colores). Señal inequívoca de retraso, y paciencia. Y sillas. Pero las sillas las traían una a una, temerosos quizá de dejar alguna sin dueño. La sala estaba abarrotada. Los servicios de seguridad cubanos, los servicios de seguridad venezolanos (compuesto también por cubanos), protocolo de ambas delegaciones, ministros, viceministros, subministros, directores y subdirectores, camarógrafos, periodistas, los músicos de la banda militar que interpretarían ambos himnos con sus respectivos instrumentos: trombón, clarinetes, timbales, trompetas. "Horror vacui". "¿Cómo van? Paró un penalty el huevón de Casillas. ¡No jodas!. Déjame ver. No se puede ver, la conexión falla. Sólo leer. Minuto 70 ". Aparece el encargado de prensa para explicar que se va a realizar un sorteo para el turno de preguntas pero que, en principio, no habrá preguntas. Un sorteo para unas preguntas que no se van a poder hacer. Sorteamos, y no gano, claro. No gana nadie, porque no hay preguntas. Ya bajan los cancilleres, ya bajan los presidentes. "Goooooool, sí, gooool. ¡¡¡¡De Eto´o!!!!" Corriendo para atrás, a leer la narración. Comienzan los himnos, y Chávez le pone la mayor condecoración de la república venezolana a su homólogo cubano, Raúl Castro. La cruz de Simón Bolívar. Y luego le entrega una réplica de la espada del Libertador. Castro regala a Chávez una foto del verano de 1958. En ella se le ve, a Castro, mirando una bandera venezolana escondido en una casa de campesinos en el oriente cubano, con la revolución cubana ya en el horizonte. Se abrazan, se saludan (militarmente), se besan. Se despiden. Entre los cables, los trípodes, las grabadoras y los trombones de varas, confirman el segundo gol, de Messi. ¡Mierda! miro el reloj. Acabo de cumplir 30 años.

martes, 9 de diciembre de 2008

Los interruptores

La variedad de interruptores desorienta. ¿Cúal es cúal? Diferentes modelos esconden diferentes funciones. Todo el mundo se sabe atar los cordones, pero cada uno lo hace a su manera. Uno ventilaba, uno encendía la luz, y otro graduaba el aire acondicionado. En un día en que en la Asamblea Nacional, de mayoría oficialista, se celebrase al grito de "Uh Ah Chávez no se va", como un coro caribeño de diputados en una obra de teatro clásico. 148 de los 167 diputados entonaron el lema.( La nave va, de nuevo). Referendum presidencial en el primer trimestre del año. Este es uno de los países en el que las empresas de publicidad, sondeos, asesores de imagen, prensa, catering, diseño, imprentas y relaciones públicas son verdaderos ejemplos de estabilidad y solidez laboral frente al sector público. La próspera industria de las elecciones. Paradójicamente, en el sector público la temporalidad es la moneda de cambio: todo cargo dura lo que dura su superior nombrado por un dedo a su vez superior . Cada director lleva su equipo de subdirectores en un organigrama que se resquebraja en cargos medios y bajos, como las raíces de los árboles bajo tierra. Y se van sustituyendo. Además, se produce un cierta réplica del juego de la silla. Los cargos van rotando en torno al dedo presidencial. Hasta que alguno se queda sin silla, y se hace a disidente. Porque la disidencia le ha prometido silla en el futuro. O eso ha querido entender. Y tiene que volver a escoger, frente a un panel de interruptores muy parecido al de aquí arriba.

domingo, 7 de diciembre de 2008

El asfalto del cielo


Ocurrió hace un par de semanas. Frente a mi casa hay una decena de plazas de aparcamiento. Para los vecinos que no poseen plaza en sótano. Entre ellos estoy yo, claro. Al lado del volkswagen solía dormitar una 4 por 4 (rústico, para los venezolanos), de color naranja con franjas zules, además contaba con varios extras de esos de aventurero de fin de semana. Luces especiales, extractor elevado del radiador, portabidones exteriores, etcétera. En fin, todo de lo que carece el mío. Una mañana lo robaron. El 4por4, quiero decir. Mi volkswagen amaneció sin pareja. Pero también sufrió. A las 6 y meda de la mañana, cuando los pájaros todavía están con el primer café, me despertó el vigilante. !Baje, rápido, han tratado de robar "la nave" (a mi carro lo llama "la nave" con una ironía más que evidente)". Traté de lavarme la cara (sin acertar del todo), agarré las llaves y llamé al ascensor. El vigilante llevaba tomando café toda la noche. Estaba ebrio de cafeína y sorpresa. Me explicó: los "choros" habían tratado de abrir mi carro (cosa improbable, porque en esa época estaba sin batería, lo cual nos llevaría a otra historia más larga), después habían roto la antena de la radio de mi carro (la radio tampoco funciona habitualmente, sólo Radio Nacional de Venezuela, el canal público, y en determinados tramos, preferentemente cercanos a las montañas) y la había utilziado como ganzúa para abrir el otro carro. Lo consiguieron. Y ya no está. El vigilante del turno, a quien había sustituido mi despertador, se había dormido. Lógico, pensé (yo mismo todavía con los pensamientos esquivando sueños). El nuevo vigilante continuaba con la perorata. A la vez, me enseñaba "el hierro" (la pistola), con orgullo. Decía que la quería haber podido utilizar, y me preguntaba si quería una. Parapadeé de sueño y asombro. "No, gracias, chamo, mientras tengas tú una..." Días después, volvieron a tratar de llevarse el volkswagen. Entonces, el problema era el carburador (ya funciona). No han vuelto, con razón. Tiene que ser desesperante tratarte de llevar un carro que no va. Como la vida de esta palmera, a la sombra de los árboles de hormigón.

martes, 2 de diciembre de 2008

Otra vez

Andaba en casa, de domingo, probando las mil y una maneras de repantigarme en el sofá de casa. Conseguí cerca de 20 posturas distintas (todas temporalmente agradables), en las cinco horas de reflexión horizontal. Leí (Historia de América Latina, de Leslie Bethlem, y El pasado, de Alan Pauls), escuché música (Ray Barretto, Ry Cooder, Hermanos Lebrón), vi fútbol (Milán-Palermo) y baloncesto (Portland - Dallas), y en un momento de debilidad conecté el canal público y escuché al presidente "autorizando" al Partido Socialista Unido Venezuela (PSUV) a que comenzase los trámites para iniciar una enmienda constitucional de cara a la reelección presidencial indefinida de sí mismo. A gritos, ante una multitud enfervorecida. Todavía me bailaban los rones en la cabeza. Curiosamente, ya presentó la misma propuesta en el referendo de diciembre de 2007. Y, también curiosamente, resultó derrotada en aquella histórica "victoria de mierda". Curiosamente, también, encontré una cerveza en la nevera. Volvemos a las andadas, pues. ¡Feliz navidad!, que ya comienzan a decir por aquí...

jueves, 27 de noviembre de 2008

Lluvia de malandros

Hace una semana llovió en Caracas como si Noé fuese el hombre del tiempo de Venezuela. Un "palo de agua" de más de seis horas de duración. Murieron cinco personas, ahogadas entre el barro de los deslaves. Como siempre, los barrios, con sus construcciones de ladrillo, tablas y uralita fueron los grandes afectados. El río Guaire estuvo a centímetros de desbordarse, lo que habría convertido a la capital en una alcantarilla. Lo más sorprendente (en Caracas la clasificación de "lo más sorprendente" se renueva cada día) fue leer la prensa al día siguiente. Las críticas y acusaciones sobre los efectos devastadores de las lluvias no se ceñían a deslaves, corrimientos de tierras, inundaciones, áraboles caídos, como pudiera parecer; si no a los múltiples robos que sufrieron los automovilistas que se quedaron atrancados en infinitas colas (algunos se vieron obligados a dormir en el carro) .
El hampa, como dice el ministro del Poder Popular de Interior y Justicia, aprovechó mezquinamente la situación y, a bordo de motocicletas, se dedicó a ir carro a carro, desvalijando y tomando todas pertenencias de valor de los conductores a punta de pistola. No se podía huir, la policía no respondía a sus llamadas por el atasco monumental en que se había convertido la capital, y muchos de sus efectivos estaban ocupados tratando de desalojar las viviendas de la parte alta de los cerros que corrían peligro venirse abajo. Como los pescadores se acercan con sonrisa malévola a la red preparada, los malandros aprovecharon la situación de vulnerabilidad absoluta de los conductores, y fueron "recogiendo el pescado" con profesional serenidad. Cientos de robos fueron reportados a las fuentes policiales que se limitaban a contrastar y registrar el delito en sus libretas húmedas . "A río revuelto, ganancia de pescadores", dicen en un pueblo muy cercano al mío. Al día siguiente, muchos conductores amanecieron al volante. Su nuevo problema: agarrar el sentido contrario para ir al trabajo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

El mantel de la revolución

"Me tienen frito las elecciones, pana", me decía un colega venezolano. Mientras comentábamos la ley seca que rige en Venezuela en todos los procesos electorales. En esas irrumpe en la tv, la rectora del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, y comienza a desgranar los resultados de los comicios regionales del domingo.
En breve, el chavismo consigue 17 de las 22 gobernaciones. La oposición, las cinco restantes. Eso es matemática; la política es la zambullida posterior en la realidad social venezolana: de cabeza, con bañador y gafas de bucear. La oposición (parte de la cual, había llamado a la desobediencia civil y a no reconocer los resultados: en una muestra preclara de cinismo democrático) ha ganado la capital, Caracas (incluso en Petare, una de las mayores barriadas marginales de Lationamérica). Además, el estado industrial de Carabobo, el petrolero del Zulia, el fronterizo con Colombia del Táchira, el insular de Margarita y el capitalino de Miranda. Casi el 44 por ciento del electorado. No obstante, Chávez gana con 5.6 millones de votos frente a los 4.1 de la oposición. Difícil es mantener la teoría de la dictadura, tan difícil como sostener que los venezolanos quieren el socialismo. Esto no es Cuba. Parece mentira que un tipo tan hábil al pulsar las teclas de la cultura y el imaginario venezolano como el presidente, siga empeñado en desconocer a esa población que le ha encumbrado al poder. Venezuela se ríe de propuestas sobre la propiedad comunal, (a mandíbula batiente, lo diga Chávez o el mismísimo Bolívar), el trabajo voluntario y gratuito una vez a la semana, y la lectura de el Capital como libro de cabecera. La única conexión entre la revolución cubana y la venezolana es la pasión por el béisbol.

Lo más interesante del resultado de estos comicios es ver cómo las dos visiones de país se las arreglan para compartir mesa y mantel, y pedirse la sal unos a otros, y acabar pagando a medias la cuenta. Y, sobre todo, ver quien se encarga de fregar los platos y barrera la cocina.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Pícaros del Caribe

Sobre la idiosincrásica picaresca venezolana se habla más de lo que se escribe. Desgracidamente, pues posee un imaginario riquísimo que regala ingenio a borbotones, a menudo vestido de ese ropaje tan escéptico como sabroso que caracteriza al venezolano. Por ello, se agradece que se publiquen libros como "La picardía del venezolano, o el triunfo del Tío Conejo", del psiquiatra Axel Capriles, presidente de la Sociedad Venezolana de Psicología Jungiana (un nombre de película de terror). Al menos para que los periódicos regalen al lector diario párrafos como el siguiente:
"Ni es Sancho Panza ni el Lazarillo de Tormes. El bribón venezolano es diferente. En una encuesta informal a compatriotas que vivían en Zurich, Capriles preguntó qué era lo contrario de pícaro, y obtuvo un rosario de adjetivos negativos: "un pajúo", "un huevón" o "un bobo", por ejemplo. En cambio, los suizos increpados respondieron respondieron que lo contrario del pícaro es un "caballero" o un hombre "sincero".
¡Córcholis!, que decía mi abulo. Es estimulante este mundo de las acepciones contrapuestas, a las que les separa un océano (y medio) de distancia. En la foto, Enrique, pescador margariteño que cambiaba bidones de gasolina por sacos de azúcar o harina, desde su paraíso solitario de Isla Tortuga. Lo poco que sé de Venezuela, me lo enseñó él en un día medio, mientras comíamos langostas y barracudas.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Música y revolución

Toda Caracas andaba de rumba este fin de semana. Conciertos de SKA-P, R.E.M, Molotov, The Wailers, Duran Duran, Los Van Van, Travis, Tego Calderón. Cierres de campaña, festivales musicales, todo el mundo en la calle protestando, reivindicando, bailando, tomando, chocando, besando, fumando, gritando, saltando.

La felicidad del gerundio.

Aquí un grupo de fanáticos del ska vallecano, ataviados con las franelas características de la revolución. En plena efervescencia antiimperialista. Aguardiente, finas hierbas, malabares y las omnipresentes referencias al presidente Bush, que ya parece un género en sí mismo. El concierto, debajo de mi casa, se prolongó hasta las 4 de la madrugada. Bajé, me tomé una cerveza (en lata), me imbuí del ambiente festivo, traté de conseguir (sin éxito) las zapatillas revolucionarias (bien bonitas, bien rojas) que lanzaban los miembros de las Juventudes del Partidos Socialista Unido de Venezuela desde un camión a modo de Reyes Magos y me fui a casa a verlo por el canal público de la televisión venezolana en la soledad de la madrugada. Esto en el centro de la ciudad. En las afueras, cerca de Oritopo, en la carretera que lleva a los valles del Tuy, el festival Movistar con un propuesta directa a los celulares. Al entrar, varias maniquíes neumáticas que luego resultaron estar vivas y ser "promotoras". "Enciende tu bluetooth, enciende tu bluetooth", repetían sin parar a modo de mantra. Me entró miedo (un miedo borroso, impreciso), y me fui corriendo.

En ambos eventos, la misma cantidad de público, en torno a 6.000 personas. Precio de la Caravana de la Alegría revolucionaria: 0 BsF. Precio del Festival Telefónico: 350 BsF. También se habló de George W. Bush. El carismático y espasmódico Michael Stipe celebró la victoria de Obama con imágenes proyectadas en las inmensa pantallas de plasma del candidato criado en Hawai. Bush reina en el horizonte del paisaje venezolano. Y a uno no le queda más remedio que acabar preguntándose, al modo del orondo e irónico MVM, si se acabará diciendo aquello de "contra Bush vivíamos mejor". Esperemos que no. Maldita ironía.

martes, 11 de noviembre de 2008

De la flojera como una de las bellas artes

En efecto, una de las más bellas artes, no siempre bien ponderada, es la flojera (pereza). Y en Venezuela la cultivan con gran cuidado y esmero. Andábamos por Chuao, en la costa de Aragua. Cuna del mejor (dicen) cacao del mundo. La economía de Chuao gira en torno al cacao, pero es una rueda que gira sin muchas prisas. A Chuao sólo se puede llegar en lancha, puesto que el recorrido a pie desde Choroní, lleva (dicen) algo más de dos días. El pueblo es tan sencillo como hermoso, no sobra nada. Están los elementos básicos de fábula infantil: una plaza, una iglesia, un puesto de policía, una parada de bus. El resto son casas y licorerías. Las calles son limpias y sin asfaltar, perfectas para caminar descalzos. Hay un autobús pequeño que trajeron entre cuatro lanchas, y dos camionetas desvencijadas. Y cacao, claro. El autobús hace el recorrido Playa-Chuao-Playa cada dos horas y media. En los vidrios del autobús, (no todo el bus tiene vidrios, algo que se agradece), se lee: "Las mujeres interesadas en ligarse (las trompas) pueden acudir a la parroquia de Chuao para informarse". Es un anuncio interesante y que da que pensar, en los veinte minutos que dura el trayecto, acerca de las relaciones entre los sacerdotes y la comunidad, (y de la comunidad entre sí, claro está).

Para llegar a Chuao hay que caminar unos cuarenta minutos a la sombra de las palmeras, los plátanos y las plantas de cacao. Es un paseo maravilloso. Hace un calor extenuante y la luz es blanquísima, de esa que achina los ojos. El color verde se vuelve translúcido. Dicen que hay dos policías, un hombre y una mujer, y que sólo se ponen los uniformes los fines de semana, cuando se dejan caer algunos turistas, a modo de disfraces. Entre semana ponen a secar el cacao en la plaza. En la pequeña playa, en cuyo extremo oriental desemboca un pequeño río que sirve de aparcamiento para las lanchas de los lugareños, hay varias chozas que actúan a modo de restaurantes. Allí me dirigí a encargar cuatro pargos con banano frito, ensalada y ron. Había cuatro personas que se balanceaban a modo de segunderos en sus hamacas. Saludé, y pregunté por la cocinera. Le expliqué lo que queríamos. "¡Ay, musiú, es que me da una flojera! ¿Cuatro quiere, seguro? No sé, no sé". Debió ver mi mueca de asombro (y de hambre). Sonrió, bajó la mirada. De otra de las hamacas, una que se movía más despacio (los minutos, pensé), emergió la cabeza redonda de un hombre. "Vamos, Evelyn, en un ratico lo tienes listo", dijo. Y volvió a sumergirse en el conteo de los minutos. Evelyn no lo tenía nada claro, y rascaba con una uña la corteza de la palmera que les daba sombra y apoyo a sus hamacas. "Ay, señor", suplicó, y por un momento pensé que estaba obligándola, mientras veía detrás el cartelito de madera pintada que ponía "restorán". "Así arregla el día, y ya acaba", reflexioné en voz alta. Funcionó. Me llevó a la cava donde guardaba el pescado: roncadores, pargos, carites... Escogí los más grandes. Finalmente, cuando vi que encendía el hornillo del gas, salivé.

domingo, 9 de noviembre de 2008

El antiguo futuro

El futuro hace 35 años. El funcionalismo y las roscas de volumen. El círculo como elemento supremo, y los cordones de plástico duro y enroscado. (¿Por qué siempre eran enroscados?). El teléfono de mi casa en Caracas, cerca de la parada de metro Miranda. No funciona más que para llamar y recibir: ni el contestador ni el micrófono ni el control remoto que aún no he encontrado. Modelo Code-a-phone 1500. La tecnología es una cosa muy curiosa que antes era o rusa o yanqui. No parece normal haber desarrollado un sistema basado en un disco rotatorio con agujeros que dejan ver los números (en lugar del reciente botón pintado) como ejemplo de sofisticación. No obstante, he recuperado la sana y vigorosa costumbre de discar el número, y aguardar durante unos segundos a que el aparato reconozca el dígito elegido, unos segundos de suspense, que se repite y desespera, especialmente, con las llamadas con prisa. Segundos de ingenua espera, escuchando el frotar eléctrico de la máquina pensando en su lenguaje marciano. Antes de contactar con el satélite. Incluso, en un momento de delirante diálogo entre dos épocas, dos culturas, opto por llamarme al celular desde el teléfono de casa. Y contemplo, divertido, la feliz comunicación -con las lucecitas fluorescentes de mi celular chino como respuesta.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La espera

Ahí, en el medio del patio, tenían una reproducción de la caja negra en la que meten al terrorista Carlos Ilich Ramírez, también conocido como "Chacal", cada vez que lo trasladan en Francia, donde cumple condena. Carlos Ilich es un héroe en el Cuartel de San Carlos, el lugar donde la policía política venezolana de los años 60 y 70 recluía y torturaba a los presos políticos. Hoy en día está retomado por algunos de esos guerrilleros que se niegan a convertirlo en museo. Quieren que siga viva con las cicatrices de los muertos al aire, bien visibles. De aquí huyeron algunos de los políticos que están hoy en el poder, o en los alrededores. Aquí estuvo preso Hugo Chávez tras su fallido golpe de estado de 1992. Antiguamente era una de las alcabalas que contralaban la salida y entrada de mercancías a Caracas, ya que se encontraba en el Camino de los Españoles, que conectaba en la época colonial la capital con el puerto de La Guaira. Es, también, la sede del comando de campaña del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Todo es rojo, menos las piedras. Aquí acuden todos los días los miembos de las diferentes comunidades y consejos comunales a presentar sus proyectos, quejas, reclamaciones, sugerencias. A la puerta del despacho, se amontonan las personas, la mayoría de edad avanzada, con pequeñas carpetas en las que guardan sus planes. La gente del PSUV los recibe y los escucha. El trajín es constante, la revolución es una palabra cotidiana que se emplea para todo: saludarse, despedirse, expresar afecto, pasión. Todas las sillas son de plástico, de esas que se encuentran en las playas de este y el otro lado del océano. Un anciano pulcramente vestido, con corbata (y alfiler de corbata), chaleco, americana y reloj de bolsillo con cadenita, todo del color de los dorados atardeceres del verano. Sus zapatos responden con sus destellos afilados al sol de martillo de la mañana caraqueña. Se diría que acaba de salir de las páginas de un libro. La paciencia la trae en la mirada. Se apoya contra una pared. No hay sillas disponibles. Se le ve fatigado y decidido a la vez. Alguien, a los 45 minutos, le acerca una silla, otra silla de plástico. El anciano se sienta, y su gesto dibuja el calmado deleite de la espera sentado. Pasa una hora, quizá más. Alguien le llama. Se incorpora y se acerca a la puerta, que permanece entornada. Asoma la cabeza, y dice con extremada delicadeza, con la elegancia de un tiempo casi perdido: "¿Permiso?"

lunes, 3 de noviembre de 2008

Simón que estás en los cielos

Allá arribota orbita el satélite Simón Bolívar. Obviamente, no podría llamarse de otra manera, en esta cacofonía bolivariana. Primer satélite de telecomunicaciones venezolano. Lo fabricaron (y lo lanzaron) en China, a la que pagaron más de 400 millones de dólares. La órbita pertenece a Uruguay, que a cambio del 10 por ciento de su capacidad cedió los derechos. "Simón Bolívar que estás en los cielos", podrán rezar los jóvenes venezolanos que recibirán un réplica del satélite para que jugueteen con él en los tiempos muertos o en las colas del tránsito. Inmediatamente, el coro de adláteres de uno y otro lado se lanzó al trabajo. La oposición: el satélite servirá para espiar a los venezolanos, una especie de Gran Hemano que grabará todas las conversaciones y los sms y las sintonía de los celulares. El Gobierno: supone una logro más de la revolución, y prolonga "la expropiación de los latifundios terrestres al ámbito de lo ultraterrestre" (Chávez dixit). La operación duró aproximadamente una hora. Conexión con China. Una treintena de chinos tras una treintena de ordenadores. Y dos venezolanos: la ministra del ramo y el jefe de la Agencia Espacial Bolivariana, que habían colocado tras sus sillas sendas chaquetas con la bandera venezolana . Mirando trayectorias elípticas, temperaturas de carburantes, calculando la ventana de lanzamiento, realizando la cuenta atrás (en chino). Aquí, el mediodía en Venezuela, no se entendía nada. Cuando el comentarista de la televisión pública venezolana decía que se retrasaba la cuenta atrás, de repente, la ignición: una explosión asombrosa de llamaradas anaranjadas veladas por el humo blanco. De fondo, la oscura noche asiática. El cohete despega desde el sureste de China. Chávez alza las manos, como si celebrase un jonrón de su equipo, desde su Houston particular, en la Gran Sabana venezolana, cerca de la frontera con Brasil y Guyana . Lleva gafas: para verlo mejor. Aplausos, perplejidad, chistes. Los venezolanos son unos consumados maestros en el difícil arte de reírse de sí mismos. "Ahí va, Simón Bolívar, que estás en los cielos". La pregunta más soprendente, ocurrió en el trabajo, mientras veíamos por televisión la réplica informática (gracias a la telemetría) del procedimiento de desacoplamiento por el cual el cohete dejaba al satélite en su órbita geoestacionaria. Un compañero inquirió: "Me pregunto yo, y cómo hacen para obtener esas imágenes del satélite saliendo al espacio, ¿alguien lo está grabando desde otra nave?".

viernes, 31 de octubre de 2008

Playa

A las 8 de la mañana, mientras me desperazaba a base de jugos y café, me llegó este mensaje al celular: "Desde Movilnet (la compañía estatal de telecomunicaciones, la mía) orgullos@s por el lanzamiento (del satélite) VENESAT-1 SIMÓN BOLÍVAR: colocamos la estrella de soberanía y salimos de nuestra frontera para liberar pueblos". Lo interpreté como una señal.

Me voy a la playa.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Política de hechos consumados

Antímano era un pueblo, habitual lugar de descanso de los caraqueños a principios del siglo pasado. Se valoraba el frescor que aportaba su mayor altitud y la proximidad al río Guaire, cuando todavía era un río y no la cloaca contemporánea. Incluso tenía una de las residencias presidenciales. Ahora se encuentra en el suroeste de Caracas, devorado por crecimiento vírico e incontrolado del monstruo capitalino. Allí fuimos de ronda electoral. El candidato opositor a la alcaldía, Antonio Ledezma, recorrió las calles de la barriada saludando a diestra y siniestra. Iba rodeado de algo más de una decena de policías. Policías de paisano, malandros de uniforme: lo mismo da. Al poco de la llegada, y ante un sol inclemente, un batallón chavista aguardaba la comitiva opositora. Gritos, forcejeos, insultos, mentadas a las madres mutuas, advertencias. Nada especial: el clásico histrionismo revolucionario. Antímano es una de esas barriadas populares en las que la noche es un territorio comanche. La estructura urbanística es idéntica: abajo, al pie del cerro, el pueblo antiguo, con su plaza Bolívar, sus diversos comercios más o menos cochambrosos (licorería, panadería, taller mecánico, lavandería), sus muros repletos de pinturas revolucionarias, y antirrevolucionarias. Y en la ladera del cerro, miles de casitas amontonadas, a medio hacer (o deshacer). Para subir, esas escaleritas que se intuyen. No hay carreteras ni siquiera pistas o trochas. El vehículo de transporte es el pie . Todo el cerro está cubierto, cientos "ranchitos" conformando la segunda piel de la montaña. Ladrillo, cemento, uralita de techo y rejas por todos lados. Nadie sabe a ciencia cierta cuánta gente vive allá arriba. Pero allá están. La propuesta del candidato es sencilla. "Vamos a dar títulos de propiedad a todos los habitantes, para que tengan la seguridad jurídica de poseer, al menos, el terrenito. Y eso cuando el chavismo aboga por la propiedad social, que seguimos sin saber lo que es". Política de hechos consumados, la llaman.

domingo, 26 de octubre de 2008

Sano y salvo

El béisbol es puro ajedrez con un bate, me dice un compañero. Mi evolución con respecto al béisbol ha pasado de la tierna indeferencia a una silenciosa pasión. Tiene grandes ventajas: no hay empates, los jugadores están gordos, los mejores son latinoamericanos y japoneses, viven las estadísticas como si fuesen un dogma de fe, escupen constantemente (tiempo atrás mascaban tabaco), no hay reloj...

Venezuela siempre ha mirado más hacia el norte yanqui que hacia el este europeo. De ahí, que el béisbol sea el deporte nacional, incluso el deporte del presidente nacional, que confesó su deseo de ser pelotero profesional en las Grandes Ligas antes de convertirse en revolucionario a tiempo completo. Las estadísticas en el béisbol rayan en lo sobrenatural. Un ejemplo: "porcentaje de bateo con dos strikes fuera de casa ante lanzadores zurdos después de la quinta entrada con jugadores en tercera base en postemporada". Suena a enunciado teológico, un misterio insondable se esconde tras semejante sintaxis. No todo el mundo comprende mi conversión al bate, a modo de San Pablo que cae de su caballo y recoge un guante de béisbol que le ilumina. Escribo esto tras acudir al estadio a ver un Leones de Caracas contra los Tiburones de la Guaira (5-4), en la televisión el cuatro partido de las Series Mundiales de las Grandes Ligas yanquis entre Philadelphia y Tampa Bay.

Al acabar, el tipo de la megafonía del estadio, deseó a todos los presentes que llegasen a casa "sanos y salvos". Lo dijo con un tono de oscura perentoriedad, como si quisiese acabar diciendo: "sé por qué lo digo". Afortunadamente, no lo dijo. El silencio de lo no dicho quedó pendiente en el aire.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Historia del (barril de) petróleo

En Venezuela no se habla de petróleo, se habla petróleo, como si fuese la lengua materna.

Hoy acabé de leer este libro. El barril de petróleo venezolano cerró la semana pasada a 68 dólares. Y hoy el presidente Chávez dejó dicho que hasta 55 dólares, lo mismo le da. Del libro, de más de mil páginas, uno aprende lecciones básicas. 1)A nadie le interesa el petróleo por las nubes, especialmente a los países productores: pan para hoy y hambre para mañana. 2) El petróleo barato es consecuencia más de la voracidad y torpeza de los países productores que de la sed de demanda de los países consumidores.

En fin, el equilibrio del precio del petróleo es uno de los casos de funambulismo en la cuerda floja más fascinantes de la historia de economía. El libro escrito por un yanqui (estos libros sólo son capaces de escribirlos los yanquis), acaba así. Y comienza con la historia del coronel Drake que encontró petróleo por primera vez en el oeste de Pensilvania en 1859.

El petróleo en crudo al igual que los productos refinados se transportan en la actualidad en petroleros, a través de oleoductos, en gabarras y camiones. Coloquialmente en todo el mundo se mide en "barriles", a pesar de que en la actualidad difícilmente habrá un profesional del petróleo que haya visto los antiguos barriles de petróleo excepto en un museo. Cuando el petróleo comenzó a fluir por primera vez en los pozos del oeste de Pensilvania en la década de 1860, los petroleros desesperados saquearon las granjas, establos, bodegas y los basureros en busca de algún tipo de barril - de melaza, de whisky, de sidra, de trementina, de sal, de sal, de pescado, o de cualquier cosa que estuviera a mano-. Pero a medida que los toneleros fueron haciendo unos barriles especiales para el petróleo, surgió un tamaño estándar que sigue siendo la norma en la actualidad. Es de 42 galones (159 litros). La cifra se tomó prestada de Inglaterra, donde un estatuto de 1482 durante el reinado de Eduardo VI estableció los 42 galones com o medida estándar para terminar con las "sisas" y los "engaños" en el embotado de pescado. En aquellos momentos la pesca de arenque era la principal actividad del Mar del Norte. Para 1866 los productores de Pennsilvania confirmaron el barrill de 42 galones como su estándar, dejando así el barril de vino de 31 galones y medio o el barril de cerveza de 32 galones de Londres o el barril de 36 galones de Londres. Lo que nos lleva a la actualidad. Porque el barril de 42 galones todavía se utiliza como medida estándar, aunque no como receptáculo físico, en el mayor de los negocios del Mar del Norte que, desde luego, ya no es la pesca de arenques.

(La historia del Petróleo. Daniel Yergin, Vegara, 1992, Buenos Aires, Argentina)

lunes, 20 de octubre de 2008

Cabezas reducidas

A modo de receta de cocina. Agarras a un enemigo (a los amigos no se lo haces) y le cortas la cabeza a la altura de la clavícula. Rajas por detrás de la cabeza y despellejas con cuidado. La piel la pones a hervir durante media hora: verás como encoge y queda reducida a la mitad. La sacas, la das la vuelta y le retiras los incómodos trozos de carne que se habrán quedado adheridos. Vuelves a ponerla del derecho y coses por donde seccionaste. Calientas unas piedras a fuego lento, y las vas introduciendo dentro por el orificio de la boca. Así conseguirás que retome su forma original. Después, calientas arena y sustituyes las piedras por ésta. Rellénala de arena hasta el tope. Por último, sellas los labios con un cuchillo al rojo vivo. Sólo resta clavar tres espinas de alguna planta o árbol que encuentres a mano en los labios y los atas con una cuerda. El resultado es una hermosa cabeza reducida del tamaño de un puño que puedes utilizar como amuleto, adorno de mesa o regalo de boda. Así lo hacían los shuar, que viven en el Amazonas ecuatoriano. Para ellos es parte de un ritual chamánico por medio del cual se apropian del alma y talento de sus enemigos. Con el tiempo y ante la curiosidad exótica del hombre blanco, se decidieron a darle al ritual un uso más comercial algo que, desgraciadamente, acabó convirtiendo en enemigos a muchos de sus amigos. A mediados del siglo pasado las autoridades ecuatorianas decidieron prohibir a los shuar este tipo de industria, ante lo que veían venir. Ahora lo hacen sólo con animales de la selva. También lo hacen con otros enemigos, claro, pero no lo dicen, o dicen que es una cabeza de mono o de perro. Los shuar ya saben de qué van los hombres blancos. Hay un cuento muy bonito de Augusto Monterroso sobre el tema.

jueves, 16 de octubre de 2008

Teología

Paseando por Quito, uno se encuentra con multitud de iglesias y, claro, multitud de curas, seminaristas y monjas, que son quienes trabajan dentro. El fervor religioso y el clima seco me recordó a la meseta castellana con sus iglesias de piedra gruesa y y sus feligresas emperifolladas que ruegan y ruegan. Sin embargo, nada llamó tanto mi atención como este pequeño panfleto que se veía regado por las calles del centro histórico quiteño: NO SE DEJE ENGAÑAR EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE NO ES EL PERRO. ES JESUCRISTO. Lo más sorprendente no sólo es la tilde en el NÓ, que subraya la negación; si no la asombrosa capacidad mental para hilar la supuesta amistad canina con la del hijo de Dios respecto de los hombres, quiens también somos sus hijos. En la comparación, paradójicamente, está la confusión mental. No dudo que el objetivo del redactor era alabar la figura de Jesucristo, y que no encontró mejor superlativo, que ponerlo por encima del tópico perruno. En cinco líneas se hayan concentradas la confusión, el pavor, el fervor, la pasión, el dogmatismo y la exageración que caracterizan todas las expresiones religiosas. Todo ello en el país, Ecuador, que alberga las islas Galápagos. Allí donde el barbudo Darwin, siglos atrás, comenzó a pensar que las tortugas y los lagartos (y los perros) tenían tanto, o más, que ver con los hombres como con Dios. Lo que a día de hoy, todavía alguno se atreve a poner en duda.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Quito

La quiteña plaza de San Francisco. Llegar a Quito no fue fácil. Estuvimos una hora sobrevolando la ciudad, mientras una tormenta arrojaba agua a espuertas bajo la panza del avión. En un momento dado, el piloto explicó la situación: "Se nos acaba el combustible y el tiempo no mejora, regresamos a Bogotá". Vuelta a Colombia, que es una manera peculiar de dirigirse a Ecuador. Así que acabamos saliendo de parranda por Bogotá a la espera de retomar el avión, al amanecer del día siguiente. En Bogotá fuimos a un concierto de salsa-rock en un garito cuyo dueño ya no conozco, a un bar de vallenatos donde todo el mundo bailaba con todo el mundo excepto con nosotros, y en otro que contaba con una camiseta firmada del gran centrocampista colombiano Carlos Valderrama. Llegamos al hotel cuando el resto del pasaje ya estaba desayunando para dirigirse al aeropuerto. Devoramos el desayuno, parpadeamos, y nos fuimos a dormir al avión.

Quito es una ciudad limpia, de pequeña escala, ordenada. Está, además, sorprendentemente cerca de las nubes. Y todas las tardes, llueve. El centro histórico es una maravilla que hace revivir los tiempos de la colonia y la independencia. Conserva el sabor de un tiempo ya perdido, dos siglos atrás, en el que la naftalina, las damas de compañía, los rosarios de cuentas, los hijos ilegítimos y las bayonetas oxidadas eran los pilares de la sociedad . Está, por tanto, repleto de iglesias y referencias a los insignes próceres de la independencia ecuatoriana. Es bonito y barato. Supongo que también aburrido. Por ello, es un lugar que invita a pasear con calma por las calles empedradas. Los quiteños son tan amables que, a veces, pueden pasar por pusilánimes. Al fondo, los grandes volcanes el Cotopaxi, el Pichincha y el Chimborazo, que no vimos por la niebla. Me recordó, no sé por qué, a una Londres americana en miniatura en busca de su Jack El Destripador...

jueves, 9 de octubre de 2008

Volando voy

"A mí también me gusta dedicarle tanto tiempo a estar ausente", canta el Sr. Chinarro desde uno de esos laptops última generación.

Así que aprovechando la burocracia criolla, que convertiría a un tipo como Kafka en escritor costumbrista, me voy a la mitad del mundo, también llamado Ecuador. Estaré 5 días en Quito. Veré los Andes desde arriba. Cuando regrese, os cuento.

martes, 7 de octubre de 2008

Librería

Esta es la librería, al lado de mi casa, donde últimamente compro mis lecturas. La regenta una señora color café de caderas tan desmesuradas que siempre la he visto sentada, fumando cigarrillos Belmont. Los Belmont son un clásico venezolano, algo así como el presidente Chávez o las arepas reina pepiada. La señora desconoce los libros que tiene, por tanto no suele saber tasar el valor de un libro si no es en función de criterios tales como: grosor, número de páginas, años, estado de conservación, e idioma en el que está escrito. Siempre que le compro, me pide 3 o 4 bolívares fuertes. Y nunca tiene cambio, así que le digo que el resto me lo apunte para próximas compras. Nunca se acuerda. Pero no es un olvido selectivo de carácter mercantil. Una vez le compré un libro, y como no tenía cambio me dijo que me lo llevase, que ya le pagaría. Un día después, bajé a pagar. Claro, tampoco se acordaba. Vive en un divertido y flexible estado de olvido. El otro día estaba explicándole a un policía que no le gustaba la vejez. "No, señor, a la vejez no le agradezco ni la experiencia..."

Mis últimas compras:
1) Las lanzas coloradas - Arturo Uslar Pietri 4 Bs.F (le sonaba el nombre)
2) 24 horas en la vida de una mujer - Stefan Zweig 3 Bs.F (estaba húmedo y el nombre era raro)
3) Cuentos grotescos - José Rafel Pocaterra 5 BsF (a éste le conocía, fue político venezolano)
4) Quijote y los perros - Antología de relatos bolivianos bajo la dictadura de Hugo Banzer 2 BsF (éste estaba algo roto)

jueves, 2 de octubre de 2008

Flotan los brazos

Este es el río Guaire que atraviesa, y parte en dos, Caracas.

La noticia del popular diario Últimas Noticias:

LOCALIZAN DOS BRAZOS FLOTANDO EN EL GUAIRE

Caracas.- Un par de extremidades superiores, presuntamente de una mujer, fueron localizadas en las aguas del río Guaire.
A las 7.00 p.m de ayer, los funcionarios policiales obsevaron zamuros (aves de rapiña) en el Guaire. Al fijar la atención en el lugar donde se encontraban las aves, les pareció ver un brazo flotando, y de inmediato llamaron a los Bomberos Metropolitanos.
Hasta el lugar se desplazaron cinco efectivos. Un brazo fue ubicado cerca de la ribera del río y el otro a cien metros de ahí. En las muñecas de las manos, se apreciaban surcos de ataduras, por lo cual no se descarta que ambas piezas humanas hubiesen estado amarradas y, con la fuerza del agua, se soltaran. El buen cuidado de las manos y las características de ellas hacen presumir que la víctima podría ser una mujer o un jovencito. En uno de los dedos llevaba un anillo. Las piezas fueron cercenadas a nivel de los hombros con cortes exactos, que bien pudieron ser efectuados con equipos quirúrgicos. Las extremidades estaban putrefactas y se apreciaba desprendimiento de tejido.

PD - Hoy continúa las revelaciones en la prensa caraqueña: parece que los brazos pertenecían a una mujer que fue vista por última vez en el homenaje a Marulanda en el 23 de Enero. Hay fotos de ambos brazos, recién sacados del Guaire. Me las reservo, por discreción.En fin. Purito CSI de ése de la tele.

martes, 30 de septiembre de 2008

Plaza Manuel Marulanda

"La revolución no será retransmitida, será en vivo", cantaba Gill Scott-Heron. Aquí en Caracas, ya contamos con nuestro busto-homenaje a Manuel Marulanda Vélez, también conocido como "Tirofijo". En pleno barrio "23 Enero", uno de los bastiones revolucionarios de la izquierda bolivariana. El "23 Enero" está a la izquierda de Chávez. Están con Marulanda. "Si hay que volver a agarrar los fusiles, aquí estamos dispuestos", comentaba un antiguo guerrillero revolucionario. Su hijo, con camiseta de Bart Simpson, aplaudía desde abajo, con el cuello estirado. Otro ex guerrillero, agarraba raudo el micrófono y señalaba: "Debemos seguir luchando para que chamos como él, no tengan que irse al monte con un fusil". Aplausos, vivas a las Farc y a Marulanda. Banderas de Irán, Bolivia, Colombia, Venezuela, Cuba. En el "23 Enero" la policía no opera; quien opera como tal son grupos armados bolivarianos que aseguran, dicen, la seguridad del barrio. Hay lemas pintados en las muros: "Aquí manda La Piedrita y el Gobierno obedece."

En lo alto, uno grupo, observaba la inauguración a modo de vigías. En un momento de dramaturgia calculada, toman una bandera de Estados Unidos, es decir, el imperio, y comienzan a quemarla. Algarabía, más aplausos. Desgraciadamente, unas ascuas caen sobre la bandera de Cuba, lo que genera en la audiencia un grito ahogado. Parece que van a acabar ardiendo ambas banderas. Los vigilantes logran, a base de zapatazos, apagar las llamas cubanas, y se concentran en jalear las estadounidenses. Un suspiro de alivio se impone entre el grupo. Por fin, queda inaugurada la Plaza Manuel Marulanda de Caracas. Más aplausos. Dos días después leo la prensa: "Desaparecido uno de los asistentes al homenaje a Marulanda", un pastelero acudió a apoyar la causa y no volvió del "23 Enero". Un amigo me lo comenta: "Chamo, el 23 es candela, yo no me quedo mucho tiempo de noche por allá". Con razón. Me tomé una cereveza y me fui.

"La revolución no será retransmitida, será en vivo", continúa cantando el gran Scott-Heron. Él lo hacía por las calles de Washington DC, en los años 70.

jueves, 25 de septiembre de 2008

El candado del futuro

Hay muchas maneras de cerrar la puerta de un carro. En la foto se ven dos. A la izquierda, el modo habitual, digamos, de fábrica. A la derecha, el modo venezolano. Ambas cumplen su función: impedir el acceso de la mano ajena al interior. Desconozco si el sistema clásico (a la izquierda), también está operativo y el sistema innovador (derecha) es simplemente un refuerzo ante la incertidumbre automovilística de la noche caraqueña. No obstante, en la foto confluyen dos modos de pensar el mundo, e inducen a una reflexión profunda sobre el porqué de las cosas. ¿El futuro de la seguridad, en la época electrónica, podría ser un regreso al pasado? ¿Refleja la fotografía un miedo atávico al progreso? ¿Cuántas llaves hacen falta para abrir un carro?

lunes, 22 de septiembre de 2008

Tatuaje

1) Uno de los tatuajes que más me gustan, a mí que no me gustan los tatuajes. Pertenece a Carlos, un amigo venezolano. Una sirena emerge de las aguas. Cabellera rojiza y tetas-globo. El resto de las amistades discrepa. No les gusta lo explícito del dibujo. A mí me parece hermoso, insisto. No siempre se puede estar de acuerdo.

2) El mundo da muchas vueltas, por eso es redondo. Sin embargo, a veces, la perplejidad impulsa a la ironía reflexiva. Son tiempos en los que el líder de los EEUU, némesis del de Venezuela, decide nacionalizar e intervenir con todo el poder del estado, que no es poco, en diversas entidades financieras de prestigioso historial. Es uno de esos tipos que solían decir que el mercado se autorregula solo. Los mismos que cuando ven perder su dinero acaban pidiendo que el estado, o sea los contribuyentes, les saque del problema. ¡En fin, qué bonita ciencia es la economía neoliberal! También ocurre al revés: un socialista ejemplar, como el presidente venezolano, utiliza complejos instrumentos financieros capitalistas como son las notas estructuradas (conjunto de bonos de deuda pública denominados en dólares pero respaldados en bolívares fuertes) para financiarse. Curiosamente, Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión yanquis en bancarrota, emitió más de 300 millones de dólares de esas notas venezolanas. Esos son los malvados especuladores contra los que van los dardos envenenados de los bolivarianos. Una cosa es al foto, y otra el compadreo entre bambalinas. Si me tengo que quedar con alguien, me quedo con la sirena de cabellera rojiza y tetas-globo: ella no se anda con veladuras.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Alienígenas a caballo


El llano en aguas. Los llanos son candela y agua. Dos estaciones: la seca, bien seca; y la lluviosa, bien mojada. Incluso en la de lluvias el calor es aplastante, le chupa a uno las fuerzas como una sanguijuela. Viajamos al Hato el Frío, un inmensa explotación ganadera en el estado Apure, 9 horas al sur de Caracas. Apure es una tierra de fábulas y personajes fascinantes. En Venezuela, Apure es considerado un lugar inhóspito, atrasado, tosco, violento. "Apure es cool", le digo a un amigo caraqueño que me pregunta que qué coño se me perdió a mí en los llanos. Se ríe, pero de incredulidad. En los Llanos la mirada se pierde en un horizonte sin referencias. En la época lluviosa, se inundan los campos y surgen mares interiores en los que pululan las anacondas, los caimanes, los chigüires, las iguanas, y las pirañas. Aquí un llanero aguardando con paciencia la pesca de pirañas para hacer luego una sopa que, dicen, tiene propiedades afrodisíacas. El Hato el Frío acaba de ser expropiado por el gobierno bolivariano del presidente Chávez, con el argumento de tierra baldía. Son 63.000 kilómetros cuadrados de extensión, una provincia en sí misma. Preguntando a los trabajadores llaneros su opinión al respecto, ninguno se mostraba especialmente emocionado. "Chamo, cambia el que manda, pero seguirán mandando otros", explican. Vimos al primer caimán del Orinoco en libertad: una bestia de cinco metros de largo que engullía un pescado como quien saborea una patatafrita. Y delfines de río, las toninas, los parientes feos de los delfines de dibujos animados: con una frente deforme e hinchada y una nariz alargada como la de los malvados en los cuentos de hadas. Los mosquitos, al caer la tarde, se lanzan sobre cualquier ser vivo, y devoran todo lo que encuentran a su paso. Se vive en el interior de las casas, tras las tupidas mosquiteras y las ventanas de enrevesadas mallas metálicas. A la noche, llegan llaneros a cantar joropos: historias cantadas de vaqueros que deambulan por los llanos perdidos de la mano de Dios y del ron. Uno de los personajes recurrentes es el diablo, que siempre aparece confundiendo al llanero, inundando su imaginación con visiones alucinadas. El ron fluye, y la gente baila y baila, sentada en el asiento, danzando sólo con la cabeza. Uno de los momentos estelares es la digressión de un joven revolucionario estudiante de agropecuaria. Nos cuenta que él no quiere gobiernos títeres ni alienígenas. ¡Alienígenas! Fascinado, me dejo llevar por la posibilidad de un gobierno alienígena en los Llanos. Ciencia ficción entre reses, machetes, sombreros de vaquero, y pirañas. ¡Alienígenas cabalgando en los Llanos! Una imagen deslumbrante. Tras otro ron, caigo en la cuenta. El joven estudiante quería hablar de gobiernos alienados... El sueño de la revolución produce extraños monstruos... Alienígenas a caballo...

jueves, 11 de septiembre de 2008

Miss Canapé

En el certamen de belleza más importante del planeta: Miss Venezuela. Cuatro horas de duración. Calipso, salsa, joropos, pop y, sobre todo, regaetón. Las misses desfilaban su acartonada belleza seguidas por las glamourosas largas colas de sus trajes de noche. En la zona de invitados, mientras tanto, aparecían los canapés. Cada vez que el programa, que es transmitido en riguroso directo a toda Venezuela, se iba a los anuncios (y se fue como diez veces), aparecían dos exquisitos mesoneros que, de blanco impoluto, acercaban los canapecitos a los sufridos trabajadores. Hasta aquí se mantenía un cierto (des)orden: con la llegada de la comida, las formas se perdían, y los canapés volaban al resbalársele a alguno de los periodistas de farándula que parecían haber ayunado todo el día para hincarle el diente. Y claro, como en los chistes y las novelas de antaño, le caían a una señorona vestida como si fuese una cena de gala en un palacio real, o peor, como si se trata de aparecer en televisión. Quizá es que aparecimos en televisión. Una palabra para resumirlo: escotes y tetas. Tetas enormes, desproporcionadas.

Y regaetón, lo mejor de la noche, cuando aparecieron los extraterrestres (se llaman a sí mismos extraterrestres porque son tan buenos que vienen de otro planeta) Wisin & Yandel los 12.000 espectadores, sobre todo espectadoras, irrumpieron en un colosal chillido de admiración. Delirio colectivo. Luego, una miss se desmayó; otra habló de la humildad como característica esencial de los seres humanos; y Miss Universo dedicó su corona recién adquirida a Dios y a la Virgen.

Ganó la favorita, Miss Trujillo. Yo, claro, iba con Miss Canapé, que perdió a las primeras de cambio.

lunes, 8 de septiembre de 2008

De ángulos rectos

Pues eso, que para ser territorio seguro tienen una peculiar concepción del apuntalamiento arquitectónico. Y eso que Chacao pasa por ser el centro financiero de la capital venezolana, poblado de edificios acristalados cubiertos con las grandes siglas de las firmas trasnacionales que tanto enervan a unos (gobierno) como fascinan a otros (oposición): dejando, por cierto, a ambos igual de cegados. Andamios de madera con una muy particular visión del ángulo recto. Al lado, está la "tintorería Hollywood". En idéntico ángulo de noventa grados, o casi.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Final de noche de día

Era el final de la noche, de ahí que sea de día. Los tipos de la foto, a pesar del uniforme policial, eran unos malandros de mucho cuidado. Salíamos de un delicioso antro en Chacaíto tan oscuro que si pedías una copa no sabías su contenido hasta que te lo lanzabas al gaznate. La música era una extraña mezcla entre la salsa brava y el techno mediterráneo de los 90. Salíamos tan panchos, disfrutando del sol del amanecer. Los policías de la Policía Metropolitana de Caracas, los que más te roban, salían de un local de alterne. Donde, supongo, irían a matraquear (sobornar) a las trabajadoras y clientes. Nos vieron venir, con nuestras pieles pálidas brillando con las primeras luces del alba. Nos vieron, y se dijeron: ya está, trabajo fácil: gringos o europeos. Nos hicieron depositar sobre el capó de un carro todos nuestras pertenencias, que a esa hora de la noche no eran muchas, y empezaron a preguntar el motivo de nuestras andanzas por esa zona de la ciudad a esas horas. "Parranda", explicamos. Al ver que no habían dado con la presa esperada, nos pusimos a hablar con ellos. "¿Qué tal el puti-club? ¿Se va a lo que se va o se puede hablar? Porque sólo para coger (follar); no es plan, lo bonito es hablar", decíamos. Y ellos, con la risa esquiva del que sabe que ya no va a conseguir lo esperado. "Ahí no se habla mucho, la verdad. Pero suban, suban a comprobarlo", decían los joeputas. Ahí irrumpió Anita, una exquista valenciana de modales refinados. "Y yo qué, ¿qué hago yo allá arriba?". Ellos se rieron, centrando la mirada fijamente en sus armas de mujer. Comenzó entonces una delirante conversación sobre la vida noctámbula del policía de servicio. Mientras tanto, Anita se dedicaba a hacer, hacerse y hacernos fotos con la patrulla. Alguno de ellos fascinado con la elocuencia de la valenciana, le proponían encontrarse al día siguiente, ya fuera de servicio. Las fotos son una fantástica falta de respeto a las fuerzas del orden público en Caracas. Venían a robarnos, tal cual. Esta es la más interesante. Ana completamente imbuida por su papel de pin-up caribeña. Los policías con cara de al-menos-sonríe-que-si-no-es-peor. Y nosotros, tras la cámara, con dolor de barriga de risa ante lo que mostraba el objetivo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Faja del Orinoco

La Faja del Orinoco. Calor, petróleo, militares y revolución. En medio de la nada, en el estado Anzoátegui, una inmensa planicie en la que hierve la arena y el polvo, se encuentra el Campo Ayacucho uno de los doce campos que conforman la Faja del Orinoco, bajo cuyo suelo se encuentran las mayores reservas petrolíferas del mundo: 316.000 millones de barriles, en proceso de certificación internacional (llevan certificadas 113.000 millones de barriles). Lo que se ve de fondo es un taladro de perforación. No había cobertura telefónica, sólo los teléfonos satelitales funcionaban. Lo que sí había eran cientos de soldados desperdigados por la zona. Muchos buscaban la sombra bajo un bosque de pinos, fruto de un plan de refosteración socialista. Son los Llanos venezolanos, allí parece que el sol está más cerca. Y más cuando del cielo desciende el helicóptero presidencial. Venido de las alturas, el comandante en jefe aterriza saludando a un auditorio rojo-rojito que no para de aplaudir y gritar entusiasmado. A su lado, de blanco, Rafael Correa. En el discurso, se habla más de Bolívar y del imperio yanqui, que de crudo. Algo que da que pensar. De regreso a la camioneta, le damos las chocolatinas a los soldados que rascan, aburridos, en la corteza de los pinos. "Muchas gracias, pana".

jueves, 28 de agosto de 2008

Optimismo mecánico

Tengo cien mil bolívares menos (algo menos de 20 euros).

Así, guindado como el perro, me quedé ayer cuando el carro me dejó con la palanca de cambio en la mano, tras acompañar a una amiga a su casa. Pataleando al aire. Acaba de llevárselo la grúa, se le veía sonriente al bribón. Y mientras tanto, yo me voy a la Faja del Orinoco, a oler petróleo y disfrutar (laboralmente) del calor de los Llanos venezolanos. Mi vida gira en torno a un optimismo mecánico de difícil explicación. A ver.

lunes, 25 de agosto de 2008

Rayos y centellas

Eran tres, no sé si primos, hermanos o una mezcla. Saltaban a nuestro alrededor como araguatos (monos tropicales). Nuestro alrededor era una cabaña de madera, donde devorábamos unos deliciosos pargos con tostones y ensalada de aguacate (pescado con banano frito) en plena playa de Caracolito. La cabaña estaba repleta de gente porque afuera estaba cayendo una tormenta de esas ideales para ilustrar los cuentos de terror. El agua caía, gruñendo, de muy mal humor; los relámpagos eran de un afilado amarillo eléctrico, los truenos parecían terremotos celestiales.

Afuera y dentro del agua, te mojabas lo mismo. Nosotros comíamos sentados, el resto se limitaba a evitar mojarse con el agua. Abuelos, niños, madres, padres, tíos, perros, bebés. Allí había de todo. La comida estaba exquisita, a pesar de que había goteras por todos lados. Pedimos cerveza. Los niños comenzaron a rodearnos y a posar para las fotografías. Ellos hacían muecas, ella se empeñaba en posar para un imaginario fotógrafo de moda. Giraba las caderas, destacaba sus muslos, sonreía mirando al objetivo en escorzo. Apenas 6 años. (¿Quién coño las enseña a posar desde tan jóvenes?) Y luego venían corriendo a ver cómo habían quedado. Yo me limitaba a hacer click, mostrarles la fotografía y reírme con sus risas. Al lado, su padre, o su tío o su hermano, contaba el dinero y repartía los sueldos a sus empleados. Cada poco, se iba a una esquina, a beber a morro de la botella de ron. Alguien vino a la cabaña con un vaso de cristal con hielo: whisky. "Así funciona esto, papá", nos decía, "cada cual se lleva su parte". Claro, no explicaba que él se llevaba la mayor, mientras se le escurría entre las piernas un muchacho que llevaba una camiseta empapada en la que se podía leer: "Ser joven es ser revolucionario. Gobierno boliviariano del estado Miranda".

jueves, 21 de agosto de 2008

Trabajo invisible

Ellas esperan bajo el sol de la mañana en Caracas. Él pinta el bordillo de un amarillo denso. Yo hago la fotografía desde la sombra, apoyado en una pared de hormigón, bajo una palmera. Una de esas mañanas en las que el carro duerme en el mecánico. Aguardo, como ellas, la llegada de la buseta. Destartalada, llega a ritmo de salsa, con un precio un 30 por ciento superior que en diciembre pasado (proceso que comúnmente se conoce con el nombre de inflación) . El calor nos aplatana, y estimula la divagación. Por ejemplo. ¿Para qué coño pinta con tanta delicadeza los bordillos el empleado público, si nadie respeta en Caracas la prohibición del parqueo ante color amarillo (ni ante cualquier color, todo sea dicho)? ¡El bordillo, de amarillo! Tiene la cabeza protegida por un casco, ¿para qué? ¿No sería mejor una gorra? Y el cono, como medida de protección, aviso a los automovilistas despistados. El sol cae sobre la cabeza como una pedrada, es la única explicación que se me ocurre para el casco. Diez minutos, llega la buseta. El pintor avanza unos metros, y vuelve a agacharse con la brocha gorda goteando amarillo. Está haciendo un trabajo exquisito, elegante: muy bien pintado. Dan ganas de darle la enhorabuena. No lo hago, por timidez o vagancia. En el trayecto hasta la redacción, me lo echo en cara. Mañana, me digo, le felicito. Mañana, que es hoy, no está.

martes, 19 de agosto de 2008

El carro

Mi carro. Tener un carro es como tener cuatro pies. En Caracas es tan útil como un bolígrafo y papel en una isla desierta. Sirve sólo a título personal, para hablar con uno mismo. Tardé dos días en poner de acuerdo a un cerrajero, un mecánico cervecero y a un servidor, al volante. Lo arrancamos, pero la batería se bebía toda la electricidad como un naúfrago sediento. Resultado: una sudada de escándalo, y cinco arrancadas en segunda mientras empujaba. El mecánico, Vicente, es un italiano de esos que no se sabe si hablan español o italiano de tan desdibujados que tiene ambos. Sólo entra en materia al quinto minuto de conversación. Mientras tanto divaga sobre el porqué de la vida, de la diferencia entre hombres y mujeres, de lo negros que eran los primeros negros que vio al bajar del barco en en el puerto venezolano de La Guaira, de la vida en la Italia de posguerra, de los tiempos gloriosos del bolívar cuando con cuatro te daban un dólar de verdad... Y entonces te comienza a hablar del carro: el freno de mano, el alternador, las bujías, la valvulina, la cremallera del motor, el pendís... Total, que acabas preguntándole por el precio, porque es de lo poco sobre lo que entiende uno, que no estudió mecánica. Ahora, el reto es quedarte a tomarte una cerveza con el grupo de mecánicos, que parecen deshollinadores de lo oscuro que están, y aprender de carros. "Nunca están rotos del todo, nunca están del todo arreglados" , ése es el lema, el axioma fundamental de cualquier mecánico que se precie. Le pregunto, con ironía, acerca de si puedo pagarle con tarjeta de débito. JAJAJAJAJAJA. Aquí sólo se puede pagar con aquello que hace chin-chin, tú sabes... JAJAJAJAJAJA... Lo último es un líquido sospechoso que expulsa la rueda trasera izquierda. Acabo de llamar a Vicente. Estuvimos cinco minutos hablando por teléfono acerca de los motivos que explican la diferencia de medallas entre España e Italia en las Olímpiadas. En fin, suspiré. Al sexto minuto, me explicó: Nada grave, chamo, pásate a las 6 y está listo... Ahí voy.

miércoles, 13 de agosto de 2008

También

También hay vida al margen de las balaceras y la revolución. El sábado amanecimos escalando el monte Ávila, por una de las subidas menos concurridas. Tres horas de caminata (y dos y media de vuelta) en busca de un río de agua fresca. Caracas queda al sur, a los pies de la montaña. Un enorme mar de cemento que se extiende de este a oeste. Caracas, ya lo he dicho más de una vez, es una enfermedad. Una deliciosa enfermedad caribeña. Más altos que las nubes, contemplábamos cómo la lluvia afectada a cada uno de los barrios de la ciudad, barridos de este a oeste, por los vientos del noreste. (Una maqueta, un video-juego, un estado mental, un personaje de novela). Caracas es una selva repleta de automóviles. Hasta el pecho se ensancha cuando descubre que se puede vivir lejos de ella, y respira más hondo y más lento. Caracas, una ciudad que se inventa cada día, duerme el sueño calmo de un valle ensimismado.

lunes, 11 de agosto de 2008

La mecánica de los destellos

Como en el oeste, tal cual. El otro día hablaba yo. Hoy habla la prensa caraqueña. Esto fue lo que leí mientras saboreaba con una cervecita la lectura soleada y dominical del diario caraqueño "El Nacional". Es el negativo del relato que narraba en la entrada de ayer. Cambien "edificio acristalado" por "Parque Cristal". Juzguen ustedes:

"Asesinado custodio de Servicios Panamericanos

Douglas Rojas, de 31 años de edad, trabajaba desde hace 2 años para Servicios Panamericanos, empresa dedicada a la custodia de valores. El viernes en la tarde perdió la vida, cuando fue sorprendido por 2 sujetos en el momento que prodecía a recargar con 160.000 bolívares fuertes (32.000 euros), los cajeros de la agencia del Banco Mercantil, ubicado en el centro comercial Parque de Cristal.
Rojas se encontraba con su compañero, Larry Zamora, quien también resultó herido tras recibir un disparo en el pie. Ambos se dirigían a colocar el efectivo en lo surtidores de dinero en el momento que llegaron dos sujetos armados, que intentaron robarlos. Al parecer la víctima se opuso a ser despojado del dinero. Uno de los antisociales identificado como José Medina, de 27 años, recibió un disparo en la mandíbula. Actualmente, se encuentra en el hospital Domingo Luciani, custodiado por cuerpos de seguridad.
Fuentes policiales informaron que Rojas Romero forcejeó con el sujeto que resultó herido. Al parecer los dos se apuntaron al maxilar y se efectuaron los disparos. Posteriormente, el otro delincuente disparó varias veces a Rojas cuando estaba herido en el piso".

jueves, 7 de agosto de 2008

Destellos metálicos

Andaba yo paseando a las ocho y media de la mañana por la avenida Francisco de Miranda, en Chacao, de camino al metro. Iba chupando del pitillo mi jugo habitual de las mañanas. Esa mañana era de patilla (sandía). El sol brillaba en el cielo azul bebé de Caracas. De improviso, aparca un furgón blindado, frente a un enorme edificio acristalado. Un vigilante de seguridad asoma la cabeza desde la puerta. Mira a un lado y a otro. Y salta a la calle. Va totalmente acolchado con protectores antibala. En una mano, la bolsa con el dinero. En la otra, desenfundada, una pistola calibre 45, inmensa. Comienza a subir las escaleras: gesto adusto y miradas constantes a uno y a otro lado. Los destellos metálicos de la pistola provocan el guiño espontáneo en los ojos. Deslumbrado, cada parpadeo coincide con un escalón más en el ascenso del vigiltante. Tarda medio minuto en subir con su bolsa de dinero y su revólver. A su alrededor, cientos de personas entran y salen del edificio, perfectamente tranquilas, viviendo en sus cabezas. Mientras apuro el jugo de patilla, me digo que esa imagen yo ya la he visto antes, en otro lugar. Al poco, caigo en ello. En el cine, en las películas del oeste. Así entraban en el banco los forajidos del oeste. Así entran los de seguridad en los bancos de Caracas. Los mismos destellos metálicos bajo el sol inclemente del continente americano.

lunes, 4 de agosto de 2008

La revolución del ballet

Fui al ballet. Primera vez en mi vida. Entré de puntillas, como las bailarinas. Giselle, en coreografía de la cubana, Alicia Alonso, quien dijo que los grandes del teatro pensaban que los latinoamericanos sólo podían bailar rumba. Ella rompió los tabúes, en 1943. 60 años después, volvía a Caracas. La platea estaba expectante. Ovación a la coreógrafa, vestida de verde guisante. Sin embargo, lo fascinante ocurrió antes de la aparición de los bailarines. Sobre la tarima, aparece el ministro de Cultura venezolano. Y comienza una encendida arenga acerca de los logros de la revolución en materia cultural. Los espectadores responden con un concierto de pitidos y silbidos. "Queremos a Giselle", claman. El ministro opta por subir el volumen, y agitar en el aire la mano izquierda. Aumentan los silbidos. "Me quedaré aquí hasta acabar de enunciar los logros de la revolución, porque aquí también hay compañeros revolucionarios", a lo que responde el respetable rojo-rojito con ovación a la proceso. Y así sucesivamente. 45 minutos. Los unos y los otros, en contrapunto. Los bailarines, mientras, aguardaban tras el telón. "Porque gracias a la revolución, todo el pueblo puede venir al teatro, incluso ustedes, los ricos", señaló el ministro. Los ánimos se fueron caldeando, hasta que una mención al presidente levantó literalmente del asiento a los invitados por el Gobierno. El resultado de la platea es como el del país: mitad y mitad. Sólo cuando se descorrió el telón, volvió a triunfar el tutú, de color rosa.

miércoles, 30 de julio de 2008

Historia diminuta

La historia de la conquista de América Latina es la historia de hazañas delirantes a cargo de dementes armados. Uno de ellos, era el guipuzcoano Lope de Aguirre, quien descendió el Amazonas a mediados del siglo XVI en busca del supuesto Dorado. A medio camino, y como es lógico, perdió la cabeza. Claro hay diversos modos de perder la cabeza. Su superior, Pedro de Ursúa, la perdió escondiéndose en la cabaña de su barcaza con una hermosa india mestiza de "cuyos brazos no se desprendía más que para empuñar el vaso de chicha (bebida alcohólica) y atiborrarse de guanábanas (dulce fruta tropical)". Y hundido al fondo de la hamaca, con la india a horcajadas sobre su cuerpo semidesnudo, perdió el sentido del tiempo y del lugar, descuidando su misión. A Lope de Aguirre, quizá por falta de una india similar, comenzó a subírsele a la cabeza la sangre y la inquina mientras observaba las tribus de indios en la orilla del Amazonas que les daban la bienvenida con dardos emponzoñados. Tanto, que acabó matando a Ursúa, a la india mestiza, de nombre Inés; y a unos cuantos leales a la causa realista. Las venas de Aguirre continúan latiendo al ritmo de la ira que va acumulando, y se dedica a matar a todo aquel que le alza la ceja (72 en total, según los historiadores). Acaba saliendo al Atlántico, en lo que hoy es la ciudad de Belem, Brasil. Asciende luego hasta la isla de Margarita (Venezuela), territorio que destroza con elegancia en quince días. Y luego se encamina hacia Lima, para recuperar Perú de España, tierra que le tiene exasperado y a cuyo rey Felipe II insulta con garbo y buena prosa en una carta que se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla. Muere en Barquisimeto (Venezuela) por disparos de arcabuz de tropas españolas. Uno de las escenas del viaje (por su puesto, de El Dorado, ni rastro):

La expedición de "los marañones", (como se autodeminaban por "la maraña en la andaban metidos") tras ver morir a buena parte por los arranques coléricos de Lope de Aguirre, las calenturas y las fiebres tropicales, y los ataques de las tribus indígenas está a punto de tocar el océano Atlántico. Apenas quedan dos barcas de las cinco que habían partido del Perú. Las aguas del río, al chocar con las olas del Atlántico, formaban temibles remolinos que dificultan la navegación. Hay que soltar lastre, le dicen los navegantes a Lope de Aguirre. Así que éste se lo toma con tranquilidad, y decide mordisqueándose el bigote. Se quedan en tierra todos los indios del Perú que les acompañaban como sirvientes y criados. La escena, cuentan, es dantesca. Los indios suplicándoles arrodillados a sus amos que no les abandonen en esa tierra inhóspita donde les espera la muerte por inanición o devorados por los caníbales de la zona. Ellos son indios de los Andes, desconocen la vida en la selva tropical. Lope de Aguirre les explica con el cinismo que le dibuja la expedición en el rostro. ¿No son indios como vosotros, del mismo continente? Pues, anda, abajo, que somos demasiados. Y ahí se quedaron, dialogando entre hermanos...

viernes, 25 de julio de 2008

Economía rosa

Algo ocurre en una economía que cuenta con más de un 30 por ciento de inflación. Al rojo vivo están los motores de la revolución bolivariana, consumiendo dólares con la voracidad de una locomotora de carbón. Rumbo al socialismo, dicen, pero uno sólo ve paradas con forma de centros comerciales donde se bajan los pasajeros. El tipo fijo del control de cambio, los controles de precios, la impresión continua de papel moneda... Son muchos vagones de los que hay que tirar: sin embargo, hay dólares para eso y para más. Venezuela es una máquina de devorar dólares, a 120 dólares el barril.
Uno pedalea como un poseso, y la bicicleta, apenas avanza. Los bolívares, ahora fuertes, se escurren por las costuras de los bolsillos. En la licorería, en el supermercado, en la buseta... incluso sentado en la playa, en silencio, los bolívares (fuertes) se evaporan. Y el mismo pescado de meses atrás, coronado por el mismo banano frito, aparece rodeado de brillantes cuando llega la cuenta. Todo ha subido de precio, pero uno sigue con la misma altura financiera. Es fácil explicar la economía, lo complicado es vivirla. La inflación es una novela rosa en la que se escenifica un amor no correspondido entre el monedero y las papilas gustativas. La única diferencia es que, al contrario que en las novelas rosas, los novios acaban tirándose los trastos a la cabeza. Y uno acaba mordiendo el monedero como si fuese una arepa. Con el consiguiente dolor de tripa.

martes, 22 de julio de 2008

Isla Tortuga

Esto es un salón de una casa en isla Tortuga. (Una isla en la que, por cierto, no vimos ni una sola). Al fondo, un generador que podría estar en un museo, pero que aquí es de rabiosa actualidad ya que surte de electricidad para los bombillos y para el dvd. En Tortuga, no hay electricidad ni agua. Te acuestas con el sol y te levantas con él. Horario solar. Una mesa y dos sillas, que aporta esa sensación de confort tan necesaria a comienzos del nuevo milenio. Y sobre la mesa dos de los útiles primordiales: una radio, para saber qué ocurre en el tierra firme; y una cajita de fósforos, para encender los cigarrillos y el hornillo.
Lo que sí vimos, y comimos, fueron tres enormes langostas de más de tres kilos cada una. Las pescan a pulmón los pescadores de la isla de Margarita, únicos habitantes de la isla, quienes pasan en ella la mitad del año. Uno de ellos, nuestro anfitrión, Enrique. Enrique cambiaba gasolina por harina y ron, y se sabía todas las canciones de la radio como si fuese una gramola humana. Bajaba a por las langostas a 35 metros de profundidad. "Para bajar, decía, no hacen falta pulmones. De hecho, yo sólo tengo uno (y mostraba una gran cicatriz en la espalda). Lo que se necesita son piernas, para salir de ahí abajo". La isla Tortuga, antiguo territorio de piratas, está cuatro horas de navegación de la costa venezolana. Cuatro horas más al noreste, y se llega al turístico archipiélago de los Roques. A Enrique no le gustaban los Roques. Su argumento, inapelable y repleto de razón: "Allá hay demasiadas leyes". Había que oírle hablando (y riendo) del supuesto gobernador de Isla Tortuga...

miércoles, 16 de julio de 2008

Responsabilidad

Esta es una manera, maravillosamente caribeña, de entender el concepto de responsabilidad. Además, el diseño y la caligrafía son dignas de alabanza. La espontaneidad y la simplicidad como lemas. Redondeamos el NO, y el resto lo ponemos en mayúsculas. La primera línea, como un puñetazo directo al hígado. El resto, describe las posibles consecuencias con frialdad. La culpa, como la depresión, están mal vistas por estos lares.

lunes, 14 de julio de 2008

Estación de servicio

Esto es una gasolinera, en la ciudad colombiana de Cúcuta. A doce kilómetros de la frontera con Venezuela. Aquí vienen los autos colombianos a comprar gasolina, y los venezolanos a venderla. En el lado socialista de la frontera, la pimpina de gasolina (bidón de 26 litros) cuesta 1,8 bolívares fuertes; en el colombiano, 5,2 bolívares fuertes. De ahí que nuestro encantandor taxista, colombiano pero con coche matriculado en San Cristóbal de Táchira (Venezuela), vaciase la mitad de su depósito en Cúcuta. Más tarde, de vuelta a Venezuela, lo rellenaría de nuevo. El trasiego es constante en el puente de Simón Bolívar, que conecta ambas naciones hermanas, según dejó escrito el mismo quien da nombre al puente. Como toda región fronteriza, los estados de Táchira (Venezuela) y Santander (Colombia), cuentan con un buen nivel de vida que es fruto de los problemas del otro lado. La escasez de leche se soluciona en los "Carrefour chévere" de Colombia, la ansia por el combustible en las bombas de gasolina de Venezuela. Y así sucesivamente. Desde San Cristóbal, una carretera sube serpenteante una de las colinas de la cordillera andina, mientras refresca la temperatura y el viento sopla por encima de la frontera. Hay una notable presencia de militares, y en las gasolineras largas colas de automóviles a la espera del turno, y el negocio. Apenas 40 kilómetros después, en el descenso hacia San Antonio, la última ciudad de Venezuela, el calor comienza a colarse por las ventanas del coche. El taxista es colombiano; el coche, venezolano; trabajó en Venezuela, y vive en Colombia. Ese es el algoritmo básico para comprender el problema que representa la frontera comercial más dinámica de Sudamérica.

Ante una parrilla variada, y unas cervezas "Águila", una intrépida amiga le pregunta por la guerrilla y el taxista agacha la cabeza, hablándole al cuello de la camisa y con los ojos del revés, nos dice que "no sabe de política". Que es lo mismo que decir que sabe demasiado. La frontera es zona de paramilitares, la guerrilla está lejos. En el coche habla con más facilidad. Las cervezas que nos vamos tomando (él al volante, mientras maneja a una mano) facilitan la desinhibición. Me pregunta si en España se puede conducir bebiendo. Le digo que, en teoría, no. Y él se ríe. "Pues yo una vez fui ciego, ciego desde Cúcuta a Caracas, y no me pasó nada, Dios me bendiga".

viernes, 11 de julio de 2008

Así

En "el Maní es Así" se escucha salsa religiosamente. Viene a ser el templo de la salsa caraqueña, y sus paredes están repletas de fotos de los grandes mísiticos de la fe salsera: Celia Cruz, Eddie Palmieri, Oscar D´León... Esta semana varias fiestas vienen a despedir al Maní: lo ha comprado, según una leyenda urbana, el presente alcalde mayor de la capital venezolana, Juan Barreto. Y como la paranoia y la exageración son dos rasgos clásicos de la cocina y la personalidad venezolana, todo el mundo se ha echado las manos a la cabeza y ha puesto el grito en el cielo porque el Maní, en manos oficialistas, no va a ser lo mismo. Yo creo que no, que será lo mismo, quizá con los colores rojos algo más marcados, el carmín más intenso. La música de la fiesta del miércoles fue sensacional, cinco horas en las que el escenario (y cuando no, los bafles/cornetas) escupía pura salsa, tambores desbocados de la costa caribeña, boleros en guitarra. Todo el mundo bailaba. Y los que bailaban luego cantaban, y los que cantaban luego bailaban. Incluso las copas, en un arrebato de economía imaginativa, eran negociadas a cada pedido, de modo que no siempre costaban lo mismo, ni contenían lo mismo. Acabamos cerrando el bar. Algunos borrachos dormían tranquilamente al ritmo de Blades, Cruz, Lavoe, Colón. Incluso un actor muy famoso de telenovela, e impecablemente vestido, se cayó varias veces sobre el carro en el que nos íbamos a casa debido a sus problemas de estabilidad. Fue todo un honor. Eran las 4 de la madrugada, justo detrás del Bulevar de Sabana Grande.

martes, 8 de julio de 2008

Misterio en la azotea

Así se veía, más o menos. Andaba tomando unas cervecitas en un piso doce, en la terraza de un amigo. Conversando por conversar. De repente, unas sombras en la azotea de mi antiguo edificio. Unas sombras que van y vienen. Nos frotamos los ojos, le damos otro sorbito a las "soleras light" y volvemos a ver las sombras: corriendo. La solución al enigma: están haciendo footing o jogging o trotting en la azotea. Una vuelta tras otra, como si fuesen superhéroes mantienendo el tono físico para su próxima hazaña. Apuramos las cervezas, siguen corriendo. Nos levantamos y aguzamos la vista. ¡Asombroso!, proclamamos. Correr alrededor del perímetro de la azotea del edifico. La primera vez en mi vida que lo veo, lo juro. Iba a decir que Caracas es sorprendente, pero es una obviedad. Me comentan que quizá se deba a los problemas de inseguridad de la capital venezolana. Me niego a aceptarlo, y me aferro a la teoría de los superhéroes. Casi diría que vi ondear sus capas al viento.

miércoles, 2 de julio de 2008

Stalin

"La vida te da sorpresas/ sorpresas te da la vida", cantaba Blades, ahora Ministro de Turismo de Panamá y peleado por los sucios dólares con el otro gran genio de la salsa, Willie Colón. También se puede decir eso de la revolución, incluso de la oposición. Aquí tenemos a Stalin González, otrora líder estudiantil en las manifestaciones por el NO al referéndum de diciembre de 2007. Ahora se postula a alcalde del municipio del Libertador, uno de los cinco que constituyen eso que llaman la Gran Caracas, por el partido Un Nuevo Tiempo. Recuerdo que en sus declaraciones declinaba toda relación con los partidos políticos y reivindicaba el carácter exclusivamente civil del movimiento estudiantil. Obviamente, sus padres no eran unos neoliberales financiados por Washington, y estamparon en el registro civil el nombre del insigne camarada soviético. Stalin viene de presidir la federación estudiantil de la Universidad Central de Venezuela. Cuando hablé con él aún le faltaban un par de asignaturas de la licenciatura de Derecho. Pero de mi conversación, se me quedó grabada una respuesta, la menos relacionada con la actualidad. Le pregunté fascinado por el nombre. Se rió con sencillez, y en tono amable, en el que se intuía una fina ironía me respondió que sí, que sus padres eran de Bandera Roja, pero que peor aún había sido para su hermana, que recibió como nombre: Engels. Inmediatamente, surgió una imagen en mi cabeza: la madre de ambos gritando a los dos a la mesa: ¡Stalin, Engels, a cenar!