En Bogotá llueve como sangran los heridos de bala: a borbotones. Las callejuelas inclinadas del casco histórico recuerdan los libros de historia colonial que ahora me da por leer en los aeropuertos. Bogotá está toda repleta de militares y estudiantes. Todos igual de jóvenes, dramáticamente jóvenes. Y los taxis cuentan con un taxímetro, que es la diferencia fundamental (digan lo que digan los historiadores y analistas políticos) entre ambas naciones hermanas. Mañana os hablo de la ducha de Bolívar, de Simón, me refiero, que tiene su vaina...
lunes, 26 de octubre de 2009
Bogotado
En Bogotá llueve como sangran los heridos de bala: a borbotones. Las callejuelas inclinadas del casco histórico recuerdan los libros de historia colonial que ahora me da por leer en los aeropuertos. Bogotá está toda repleta de militares y estudiantes. Todos igual de jóvenes, dramáticamente jóvenes. Y los taxis cuentan con un taxímetro, que es la diferencia fundamental (digan lo que digan los historiadores y analistas políticos) entre ambas naciones hermanas. Mañana os hablo de la ducha de Bolívar, de Simón, me refiero, que tiene su vaina...
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