jueves, 10 de diciembre de 2009

Tensión en el condominio

Revuelo en mi edificio. Llamadas repetidas del casero al celular. La presidenta del condomio, cargo no sujeto a límites en la reelección, me aborda en una de mis salidas del ascensor. Voy en shores y franela hacia la piscina. Son las diez de la mañana de un jueves esplendoroso en el diciembre caraqueño. Tengo el pelo aún revuelto de conversar con la almohada.

- ¡Ah, mira aquí está! - y me señala, la presidenta. Ni idea de cómo se llama.
- Mira, chamo, disculpa. Quería hablar contigo. Se han quejado del edificio de enfrente, y de nuestro propio condominio. La ropa que colgáis a secar. No sabes la mala imagen que da. La pena (vergüenza) que da a los inquilinos. Hemos mandado una carta de queja a vuestro casero. No podéis seguir poniendo la ropa a secar así, al aire. ¿Has visto la impresión de desaliño que da? Es un problema- continúa.
- Ah, sí, me ha comentado el casero. La vaina es que nos ha traído un tendal que no funciona. En cualquier caso, y con todos los respetos, creo que en el barrio y en la ciudad existen otros problemas más importantes que quizá merecerían más atención, ¿no cree? - explico con mi mejor sonrisa de emigrado.
- Sí, bueno, va. Pero vente, vente a verlo conmigo- insiste.
- No, no, ahora voy a la piscina. Luego quito la ropa. Gracias.- esquivo y arranco mi Vollkswagen, algo que no se siempre ocurre.

Tras nadar, ya de regreso a casa, voy retirando la ropa colgada de las rejas que cubren la ventana. De súbito, una revelación. Una de las camisetas que ondean al viento y disfrutan del sol caribeño es una de las varias que he ido agarrando en diversas manifestaciones chavistas a las que he ido a trabajar. Es roja, con un bonito diseño en blanco y un lema que dice "Vamos con todo". Elemental, querido Watson. ¡Voilà! El enigma se ha solucionado. Es la franela roja-rojita al aire la que ha despertado la ira de los vecinos.

El casero llega a casa: está cada día más gordo y es buena gente. No siempre la gente que engorda gana buen humor. Hijo de italianos, trabaja con una empresa asturiana contratada por el gobierno venezolano.
- Coño, chamos. Sí que me han metido en un peo. El otro día llego a casa y me encuentro con una queja de la junta del condominio. La ropa colgada al aire. Uf, vaya peo. ¡Coño ´e la madre!.- exclama.
Le explico el misterio planteado y la solución intuida. Con periodística imparcialidad, y una leve pizca de ironía.
- Ah, ya va. Ustedes sí que son arrechos. Mira que se lo dije. Con razón. Guárdame esa vaina, háganme el favor- y se va riéndose, como quien acaba de escuchar un buen chiste.

"En fin", suspiro.

7 comentarios:

Anahí dijo...

Juas, juas, juas... Creo que hubiera sido menos escandaloso colgar tu traje de sadomasoquista!

Anónimo dijo...

Muy divertido. Sergio ciclismo.

Marc dijo...

Ya estoy preparando la maleta. Llevaré mi mejor muda de ropa interior (tangas rojos incluidos)
Abrazo

ANA dijo...

jejej, que bueno!!

alfons, queda feo la ropa colgando!

besos

A.

Anónimo dijo...

He, he, he. Espero que sus vecinos no le tilden de petimetre español... Que al final la lías, amigo. Entre el escarabajo, las franelas rojitas y tu colección de libros sobre el petróleo no te van a dejar salir de Maiquetía.

Besos
E.

fon dijo...

Anahí: Casi, casi, el de sadomasoquista lo suelo poner a secar dentro, jejejeje...

Sergio: Es una manera de describirlo.

Marc: Sin tangas rojos no entras en casa.

Ana: Por dios, no cambiarás nunca.

E: Ojalá me llamasen petimetre. Me encanta la palabra. En Maiquetía ya me reciben con los brazos abiertos...

Anónimo dijo...

Juas juas juas!

Alfonso, esto supera mucho de lo leído anteriormente!!

Reitero mi gratitud por estos escritos.

Màrius