
Mientras escuchaba la historia, me iba arrellanando en el sofá. E, inconsciente y cobardemente, me abracé a mí mismo para tratar de combatir un posible "frío de muerto". La única manera de curar el extraño mal, para el que la medicina ortodoxa no tiene solución, es introducir al bebé con "frío de muerto" en el interior de una res recién eviscerada durante apenas unos minutos. Una vez fuera, el niño vuelve al "calor de la vida". Pensé en la oscura poesía de los funerales andinos. Y en la potente imagen de un niño acurrucado dentro de una vaca despellejada y abierta en dos.
Esa noche, a pesar del calor tropical, me arropé el doble en la cama. Amaneció nublado.
4 comentarios:
alfonsillo!!
como va todo??estuvo E por Ccs?que tal?
os paso alguna curiosidad de las vuestras?
cuidate mucho
besos
A.
Bien, Foner, Bien. Tas en forma!
Chócala!
Juano
Taconazo
A: Estuvo E por acá, efectivamente. Fuimos un derroche de sentido común y cordura. Besos.
Juano: Ye el gimnasio de la mente al que voy por las noches. Chocada está. ¿Qué pintas?
Ambrosius: Thank you, que dirían los editores de The Economist. Te escribo un correo.
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