Lo que sí vimos, y comimos, fueron tres enormes langostas de más de tres kilos cada una. Las pescan a pulmón los pescadores de la isla de Margarita, únicos habitantes de la isla, quienes pasan en ella la mitad del año. Uno de ellos, nuestro anfitrión, Enrique. Enrique cambiaba gasolina por harina y ron, y se sabía todas las canciones de la radio como si fuese una gramola humana. Bajaba a por las langostas a 35 metros de profundidad. "Para bajar, decía, no hacen falta pulmones. De hecho, yo sólo tengo uno (y mostraba una gran cicatriz en la espalda). Lo que se necesita son piernas, para salir de ahí abajo". La isla Tortuga, antiguo territorio de piratas, está cuatro horas de navegación de la costa venezolana. Cuatro horas más al noreste, y se llega al turístico archipiélago de los Roques. A Enrique no le gustaban los Roques. Su argumento, inapelable y repleto de razón: "Allá hay demasiadas leyes". Había que oírle hablando (y riendo) del supuesto gobernador de Isla Tortuga...
martes, 22 de julio de 2008
Isla Tortuga
Lo que sí vimos, y comimos, fueron tres enormes langostas de más de tres kilos cada una. Las pescan a pulmón los pescadores de la isla de Margarita, únicos habitantes de la isla, quienes pasan en ella la mitad del año. Uno de ellos, nuestro anfitrión, Enrique. Enrique cambiaba gasolina por harina y ron, y se sabía todas las canciones de la radio como si fuese una gramola humana. Bajaba a por las langostas a 35 metros de profundidad. "Para bajar, decía, no hacen falta pulmones. De hecho, yo sólo tengo uno (y mostraba una gran cicatriz en la espalda). Lo que se necesita son piernas, para salir de ahí abajo". La isla Tortuga, antiguo territorio de piratas, está cuatro horas de navegación de la costa venezolana. Cuatro horas más al noreste, y se llega al turístico archipiélago de los Roques. A Enrique no le gustaban los Roques. Su argumento, inapelable y repleto de razón: "Allá hay demasiadas leyes". Había que oírle hablando (y riendo) del supuesto gobernador de Isla Tortuga...
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4 comentarios:
menudo saloncito, con unas vistas al caribe, que ya me gustaria tenerlas a mi!
A.
Fono, pero qué fais x ahí comiendo langosta en el caribe! venga tira pa casa que ta tu mama con el filetín en el plato. Dice que luego si quieres puedes ir a misa de ocho.
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