No vende sus obras, no cobra entrada. Y ofrece un café negro hecho por su mujer, también conocida como la asistenta del artista. El calor en Todasana es asfixiante, y la gente vive en las sombras. Kafella, a la tarde, se recuesta en unos cojines en la puerta del museo de la Verdad con la barriga venezolana al aire y charla amigablemente con sus hijas y otros niños del pueblo. Es de los pocos blancos de Todasana. Todos le conocen. Desde kilómetros antes de llegar al pueblo, a lo largo de la la hermosa costa del estado Vargas, el viajero puede ver pintado a brochazos en varias piedras de la cuneta de la carretera el anuncio: "Welcome to the Truth´s Museum. Behind the church, in Todasana". Y allí está, efectivamente, tras la iglesia: el Museo de la Verdad.
jueves, 13 de septiembre de 2007
La verdad
No vende sus obras, no cobra entrada. Y ofrece un café negro hecho por su mujer, también conocida como la asistenta del artista. El calor en Todasana es asfixiante, y la gente vive en las sombras. Kafella, a la tarde, se recuesta en unos cojines en la puerta del museo de la Verdad con la barriga venezolana al aire y charla amigablemente con sus hijas y otros niños del pueblo. Es de los pocos blancos de Todasana. Todos le conocen. Desde kilómetros antes de llegar al pueblo, a lo largo de la la hermosa costa del estado Vargas, el viajero puede ver pintado a brochazos en varias piedras de la cuneta de la carretera el anuncio: "Welcome to the Truth´s Museum. Behind the church, in Todasana". Y allí está, efectivamente, tras la iglesia: el Museo de la Verdad.
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7 comentarios:
Sí señor. Eso si que es un espacio potente, le pediría se extendiera más en la descripción de alguna pieza que le llamara la atención.
Un abrazo
E.
¿y hay algún ciclista?
eneas: Potente, es el adejtivo adecuado. Otro día me extiendo sobre alguna pieza, aunque la del beisbolero venezolano que se debate netre la pelota y las arepas, y el Hitler convertido en aspiradora condenado a beber 45 millones de litros de sangres son más que buenas...
sergio: coño, ahora que lo pienso, sí que había un ciclista, que bebía cocacola sin parar y que para el artistas simbolizaba el control del deporte por parte de las grandes multinacionales
qué pintoresco, dan ganas de visitarlo, qué pena que esté tan lejos. Lo que me extraña es que no venda, ¿seguro? Me gustaría ver alguna de sus obras, ¿no podría colgar una foto? Conozco a alguien que tiene el jardín lleno de esculturas pero francamente son horribles, creo que tampoco vende. Antes estaban todas pintadas de un solo y mismo color, ahora ha empezado a variar. Le había perdido la pista a este blog pero lo he encontrado! Saludos
Siempre hay un ciclista
¡Un lugar muy llamativo en realidad! Estuve hace poco por esos lados, te dejo una foto aquí
Oh Dios mío no lo creo
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