lunes, 5 de febrero de 2007

El Trolly

El Trolly es un bonito bar caraqueño en el que degustar arepas, cachapas, jugos y otros manjares tropicales. El Trolly muestra una decoración fascinante: algo así como un bar de Los Ángeles de 1950 (luces de neón, cuadros de Hopper, camareros ataviados con uniformes diseñados décadas atrás, simpatía sin prisas), pasado por el filtro del más desbocado catolicismo criollo (altares de varias vírgenes, cirios encencidos, canastos con dinero en pago a plegarias aún por atender).

En la televisión encendida, un grupo de norteamericanos con casco corría detrás de una pelota ovalada. Era la Superbowl. El mayor espectáculo deportivo del mundo (tal y como dice el lema publicitario). Por cierto, ganaron los Colts de Indianápolis. Nadie le prestó atención.

En el parking, uno puede pedir la comida y la bebida servida en la ventanilla de los coches. Todos los coches tienen las ventanillas tintadas. No hace falta salir a la luz. Como en los autocines de las películas yanquis.

De repente, un señor con bigote y una camiseta de la selección de fútbol de Brasil entra el bar tomando una cerveza. Y dice: "¡¡Que viva Chávez!! ¿Acaso ha hecho algo mal Chávez?" La gente le mira atónita. Y los camareros se agarran las barrigas en pleno ataque de risa. Es un viejo amigo del bar, que anda más bebido de la cuenta.

PD - No hay fotos porque, según el gerente del Trolly, es un lugar frecuentado por parejas de amantes (no) casados. Y uno de los grandes ventajas del Trolly es su discreción, el respeto por la intimidad.

3 comentarios:

Sergio dijo...

He estado retirado unos días. Me he papado todos tus posts de este intervalo. Felicidades, son tremendamente provechosos. Siga así.

Anónimo dijo...

Alimenta como un bocata de nocilla y entretiene como una tarde de pipas (de tapa de cañas bien tirada del Palentino)

Emiliuken

fon dijo...

Se agradece el calor de los lectores...

Y la comparaciíon con el Palentino, me ruboriza. Por cierto, el Palentino salió a relucir en Caracas el otro día. Un venezolano se había quedado fascinado con el bar, poco antes de ver a los Who.

A cuidarse!