Pero no el pescado. El pescado caribeño: pargos, roncadores, carites, meros... es delicioso. El lema de mi dieta: "evita a los animales que caminen", incluye una excepción. Los camarones caminan, pero lo hacen bajo el agua. Excelsos los camarones del Caribe, ligeramente más grandes que los del Mediterráneo e igual de sabrosos. Constituyen un ingrediente fundamental en las tres comidas del día: empanada de camarones al desayuno, al ajillo en la comida y en tortillita a la noche. Venezuela produce el 60% del pescado del Caribe, y sin embargo, sólo encuentras buen pescado en la costa. Cuando digo costa, es en la misma costa. Dos kilómetros tierra dentro y ya no hay pescado. En Caracas, a 30 kilómetros del Caribe, el pescado existente, que no es mucho, tampoco es bueno. En el bajo Orinoco se puede comer un pescado de la zona, el lau-lau, que a la brasa con arroz y plátano frito es más que bueno. Al cubano y escritor Alejo Carpentier, le encantaban. Quien, como todo comunista, tenía un excelente sentido del gusto y del abdomen. El otro lugar en el que se come buen pescado es Mérida, en los Andes venezolanos. Admiradas y admirables truchas deambulan por sus ríos, me han dicho. Aún no he ido, pero está en la agenda. A mediados de septiembre.
miércoles, 29 de agosto de 2007
Animales que no caminan
Pero no el pescado. El pescado caribeño: pargos, roncadores, carites, meros... es delicioso. El lema de mi dieta: "evita a los animales que caminen", incluye una excepción. Los camarones caminan, pero lo hacen bajo el agua. Excelsos los camarones del Caribe, ligeramente más grandes que los del Mediterráneo e igual de sabrosos. Constituyen un ingrediente fundamental en las tres comidas del día: empanada de camarones al desayuno, al ajillo en la comida y en tortillita a la noche. Venezuela produce el 60% del pescado del Caribe, y sin embargo, sólo encuentras buen pescado en la costa. Cuando digo costa, es en la misma costa. Dos kilómetros tierra dentro y ya no hay pescado. En Caracas, a 30 kilómetros del Caribe, el pescado existente, que no es mucho, tampoco es bueno. En el bajo Orinoco se puede comer un pescado de la zona, el lau-lau, que a la brasa con arroz y plátano frito es más que bueno. Al cubano y escritor Alejo Carpentier, le encantaban. Quien, como todo comunista, tenía un excelente sentido del gusto y del abdomen. El otro lugar en el que se come buen pescado es Mérida, en los Andes venezolanos. Admiradas y admirables truchas deambulan por sus ríos, me han dicho. Aún no he ido, pero está en la agenda. A mediados de septiembre.
martes, 28 de agosto de 2007
Votar y botar
Veremos a ver, que dicen, redundando, los más viejos del lugar.
lunes, 27 de agosto de 2007
La comunicación móvil
(Todo el mundo bebe en Venezuela, pero es que en vacaciones la gente bebe incluso cuando se está bañando. Un chapuzón, y un buen sorbo de cervecita. Y otra vez, y otra más. La borrachera como forma de vida. La vida como embriaguez)
Y las tormentas. Venezuela, por su ubicación geográfica, al sur del mar Caribe, no tiene que lidiar anualmente con los envites de los tormentas tropicales. Pero la cola de los huracanes se deja notar, y de vez en cuando, el cielo se opaca en un gris gruñón, para descargar toneladas de agua. Los relámpagos arrancan destellos a la noche, y los truenos abren grietas en el cielo. Al finalizar, una calma serena se asienta y el mar se mece tranquilo. Vuelvo a Caracas, y en el viaje en el metro, me sorprendo diciéndome frente al vagón de colores: "¡coño, la ciudad sí que es rara! Me estoy volviendo criollo. Tengo que comentárselo al médico".
jueves, 16 de agosto de 2007
Vacances
miércoles, 15 de agosto de 2007
lunes, 13 de agosto de 2007
Hotel
jueves, 9 de agosto de 2007
Secretaria
Ayer, tomando una pizza, uno de esos momentos que no pueden dejar de anotarse: el parquero agarró el cono naranja con el que demarca la zona de aparcamiento del restaurante (la figura del parquero en Caracas, es tan fundamental, o más, que la del camarero) y, utilizándolo a modo de altavoz, comenzó a gritar la matrícula de un Renault mal estacionado. Empleó, además, esa voz engolada que sólo se encuentra en los cuentos en los que aparece la figura ya extinta del pregonero mayor, con la cadencia latosa de quien lee un edicto municipal. Una escena hilarante. Lástima que no había una cámara de fotos a mano.
En una de esas fulgurantes y vertiginosas conversaciones que nos depara el messenger, escribí un par de frases que, luego, me volvieron a la cabeza. Hablaba con una actriz gallega de la consabida imagen de Europa como una viejecita que se dedica a hablar de todo al calor de su calefacción socialdemócrata mientras saborea una taza de tè indio; y se me ocurrió oponer la de Latinoamérica como una adeolescente en plena edad del pavo que se dedica a gritar a los cuatro vientos consignas contradictorias, plagadas de los cambios de tono característicos de la edad.
Parece una tontería (quizá lo sea), pero a mí me dio qué pensar todo el camino (medio kilómetro) que separa mi trabajo del metro de Plaza Venezuela.
martes, 7 de agosto de 2007
La Revolución
"Pues el concepto de Revolución es, en sí mismo, muy dilatado, abarca una escala de infinitos grados, desde la más alta idealidad hasta la brutalidad más positiva, desde la grandeza a la crueldad, desde los espiritual hasta su contrario, la violencia; cambia de modo de ser y se transforma, porque siempre recibe su color de los hombres y sus circunstancias. En la Revolución francesa, como en toda otra, dibújase claramente dos tipos de revolucionarios: los revolcuionarios por idealidad y los revolucionarios por resentimiento; los unos, mejor dotados que la masa,quieren elevarla hasta su nivel, hacer ascender su educación, su cultura, su libertad, sus formas de vida. Los otros, que lo han pasado mal ellos mismos, quieren tomar venganza de aquellos que lo pasaron mejor, procuran dar satisfacción a su nuevo poder a costa de aquellos en otros tiempos poderosos. Esta disposición de ánimo, como fundada en la dualidad de la naturaleza humana, halláse en todos los tiempos. En la Revolución francesa, el idealismo había tenido primeramente la supremacía: la Asamblea Nacional, que se componía de nobles y burgueses y personas notables del país, quería auxiliar al pueblo, liberar a las masas, pero la masa liberada dirigió pronto su fuerza sin trabas contra sus propios libertadores; en la segunda fase ejercieron predominio los elementos radicales, los revolucionarios por resentimiento, y en ellos el poder era demasiado nuevo para que pudiera resistir al placer de gozar abundantemente de él. Figuras de pequeñez mental, libradas por fin de una situación estrecha, se apoderan del timón y su anhelo es el de rebajar la revolución hasta su propia medida, hasta su propia mediocridad mental".
lunes, 6 de agosto de 2007
Rabo de cochino
domingo, 5 de agosto de 2007
De juguete
Hugo Chávez recibió estos días la visita de un tal Sean Penn. Recorrió Caracas, visitó las plantaciones de cacao en Barlovento (donde se nutre la suiza Nestlé y otros conglomerados confiteros) y el presidente llevó al antiguo marido de Madonna de viaje al estado Táchira, en la frontera con Colombia. Chávez llamó valiente a Penn por su oposición a la guerra Irak; Penn se limitó a sonreír tras las gafas de sol y agradeció la hospitalidad del pueblo venezolano, y la de su presidente, claro está. Las malas lenguas (y aquí en Venezuela, las hay muy malas, sobre todo cuando aciertan) señalan que Penn viene en busca de financiación para un próximo film. Visitó la Villa del Cine, en Guarenas, a las afueras de Caracas. La Villa del Cine quiere hacer frente al imperialismo de Hollywood, y para ello producirá varios largometrajes sobre figuras clave de la historia venezolana (Francisco de Miranda, que se acostó con Catalina la Grande, según todos los taxistas venezolanos) y ya ha otorgado el mayor monto de la historia del cine venezolano para una película que dirigirá Danny Glover (sí, el de Arma Letal) sobre el líder haitiano de la independencia de la isla La Española, Toussiant: 18 millones de dólares. Ya los cineastas criollos se han quejado por agravio comparativo. "Coño la madre, se dicen, no viene el Glover a por plata a Venezuela, se la dan, y a mí andan regateándome los millones de bolívares". Entre los proyectos de ficción de la Villa del Cine, se encuentra el traslado a la pantalla de una novela escrita por el Ministro para el Poder Popular de la Cultura, Francisco "Farruco" Sesto. Y tal y tal.
sábado, 4 de agosto de 2007
Arte
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