martes, 7 de agosto de 2007

La Revolución

En uno de los libros más fascinantes que he leído en los últimos tiempos, cortesía de Eneas Bernal, anoto un párrafo sobresaliente, que me despierta súbitamente en plena lectura. El escritor, el austríaco Stefan Zweig, lo publicó en 1932, diez años después se suicidó con su mujer en Brasil. Aquí va:

"Pues el concepto de Revolución es, en sí mismo, muy dilatado, abarca una escala de infinitos grados, desde la más alta idealidad hasta la brutalidad más positiva, desde la grandeza a la crueldad, desde los espiritual hasta su contrario, la violencia; cambia de modo de ser y se transforma, porque siempre recibe su color de los hombres y sus circunstancias. En la Revolución francesa, como en toda otra, dibújase claramente dos tipos de revolucionarios: los revolcuionarios por idealidad y los revolucionarios por resentimiento; los unos, mejor dotados que la masa,quieren elevarla hasta su nivel, hacer ascender su educación, su cultura, su libertad, sus formas de vida. Los otros, que lo han pasado mal ellos mismos, quieren tomar venganza de aquellos que lo pasaron mejor, procuran dar satisfacción a su nuevo poder a costa de aquellos en otros tiempos poderosos. Esta disposición de ánimo, como fundada en la dualidad de la naturaleza humana, halláse en todos los tiempos. En la Revolución francesa, el idealismo había tenido primeramente la supremacía: la Asamblea Nacional, que se componía de nobles y burgueses y personas notables del país, quería auxiliar al pueblo, liberar a las masas, pero la masa liberada dirigió pronto su fuerza sin trabas contra sus propios libertadores; en la segunda fase ejercieron predominio los elementos radicales, los revolucionarios por resentimiento, y en ellos el poder era demasiado nuevo para que pudiera resistir al placer de gozar abundantemente de él. Figuras de pequeñez mental, libradas por fin de una situación estrecha, se apoderan del timón y su anhelo es el de rebajar la revolución hasta su propia medida, hasta su propia mediocridad mental".

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Grande el parrafo fon¡¡¡

yo aqui me acuerdo de Rousseau, que decía que antes de la "ilustración" debía haber un proceso, dirigido por las mentes mas versadas del país; osease que la existencía de una ley o una solución política, maxime en democracía, no asegura que sean decisiones que realmente halla tomado el pueblo en conciencia y con conocimineto de causa.

De todas maneras creo que si en este pais la gente empieza a tener conciencia política, en latinoamerica pasará antes o despues.
cuando la revolución no tenga nombres y apellidos, entonces estaremos ante los verdaderos habitantes del planeta político del III milenio.

Mas o menos. CEBA

Sergio dijo...

Celebro que lea a Zweig, le recomiendo encaridamente que lea, en la medida de lo posible, el relato breve "Amok" y, a su retorno a España, el excepcional libro de memorias El mundo de ayer, de siempre uno de mis libros favoritos. Si le ha gustado la definición de Revolución, flipará con este libro.

Con gusto y esperando el muñeco de Chaves (que abonaré en ECUS),

fon dijo...

Ceba: Me alegra que disfrutes con mis digresiones políticas, pero veo lejos, lejos, a esos habitantes políticos del planeta político del III milenio...

Sergio: apunto la recomendación, porque este libro me ha dejado impresionado. Una puta joya. Por cierto, el amigo Zweig llevaba bigote.
El chavecito correrá de mi cuenta, en bolívares, pero debo ir a por más, porque todo el mundo parece querer uno.

eneas dijo...

Fon... perdona me podrías devolver el libro de Zwei?