(Todo el mundo bebe en Venezuela, pero es que en vacaciones la gente bebe incluso cuando se está bañando. Un chapuzón, y un buen sorbo de cervecita. Y otra vez, y otra más. La borrachera como forma de vida. La vida como embriaguez)
Y las tormentas. Venezuela, por su ubicación geográfica, al sur del mar Caribe, no tiene que lidiar anualmente con los envites de los tormentas tropicales. Pero la cola de los huracanes se deja notar, y de vez en cuando, el cielo se opaca en un gris gruñón, para descargar toneladas de agua. Los relámpagos arrancan destellos a la noche, y los truenos abren grietas en el cielo. Al finalizar, una calma serena se asienta y el mar se mece tranquilo. Vuelvo a Caracas, y en el viaje en el metro, me sorprendo diciéndome frente al vagón de colores: "¡coño, la ciudad sí que es rara! Me estoy volviendo criollo. Tengo que comentárselo al médico".
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